jueves, 12 de junio de 2025

6 horas de viaje

Me levanté ansiosa ese día. Desayuné muy poco y cuando me sentí lista y vestida de forma ligera, me senté al borde de la cama e intencioné. Como actuando en una obra de teatro, me dije: "voy a hacer este viaje para encontrarme a mí misma" y salí.

Durante la meditación pude notar cómo la percepción del entorno iba cambiando. Tenía experiencia previa y sabía que era la parte que me asustaba. Conscientemente no cedí al miedo, mucho menos a la voz crítica, observante, que me miraba ahí sentada en posición de loto, en medio de un grupo de desconocidos. Seguí respirando y observando los enormes e intrincados engranajes que se formaban a mi alrededor, las líneas azuladas que se entrecruzaban en todas direcciones para interactuar unos con otros, la desaparición progresiva de todo soporte físico, el movimiento de lo microscópico sobre lo sólido, la pérdida de la percepción del tiempo. Después, me recosté y me tapé, no sin antes observar el calor que emanaban los cuerpos de mis otros compañeros. Cubrí mis ojos y lentamente comencé a dialogar hacia adentro. Esta era la manera que mi mente podía procesar la exquisita forma en que el universo conecta todo.

De pronto surgió la pregunta: ¿dónde estás Mabel, dónde estás?, para ese entonces mi cuerpo se había desvanecido, era sólo yo dentro de mí. Me sentía dentro de un espacio físico cóncavo, íntimo e ilimitado. Mientras me acostumbraba a este nuevo escenario, la pregunta se repetía una y otra vez: ¿dónde estás Mabel, dónde estás?. A veces me distraía y era como si abandonase la conexión, pero la pregunta se aferraba a mí o yo a ella como una súplica. Otras veces me sentía observada dentro de este bucle sin sentido. Era una pregunta muy concreta repitiéndose. Me sentía como esas devotas frente a una figura de yeso pidiendo que se cumplan sus deseos. ¡Stop! Necesito volver a mí.

Me hice solo voz y eco, hasta encontrar una nueva forma, dentro de un útero cósmico y ya no estaba sola. Miré a mi izquierda y la vi a ella, sentada, jugando, sola e inmersa en su propio mundo. Era una pequeña niña, de unos seis años. Me vio y sonrió, como si me hubiera estado esperando. Yo había estado con ella antes, habíamos hablado, pero no recordaba de qué. Me causaba ternura y a la vez desconfianza. Se levantó y se acercó a mí como un potrillo que no ha visto a nadie en mucho tiempo, torpe, rápida e intempestivamente. Hablamos, yo le hacía preguntas constantemente, pero mi tono interrogativo, impaciente y autoritario la hacía alejarse y evadirme. Ella sabía que yo no quería estar ahí, que no me gustaban los niños y por sobre todo, intuía que yo sabía que ella era yo. Y aun así, ¡se atrevía a responderme con monosílabos y evasivas!. Saltaba a mi alrededor ignorando mis deseos. Me sentía atrapada en esas películas donde lo lógico no sucede y te agarras la cabeza tratando de entrar a cambiar la trama. No pude memorizar lo que hablamos, solo recuerdo su cara, su vestidito celeste con flores, sus calcetas, su pelo negro y lacio y sus piernas delgadas. Recuerdo incluso que me senté a jugar con ella un rato, para seguir sacándole información que no pude traerme. Mi puente -pensé- ella abre las puertas. Levantó los ojos, me leyó y decidió concluir nuestro encuentro y así sin más me dejó ahí sola.

Yo seguía aferrada a la pregunta: ¿dónde estás Mabel, dónde estás?, pero ahora sentía la frustración de su ausencia. De pronto desde abajo, surgió una figura brillante. Se posó frente a mí, extendió sus manos y me tomó ambos brazos. Me miró fijamente y dijo: "¿Así que me estabas buscando?". Yo estaba inmóvil. "Aquí estoy" —prosiguió— "te encontré y no te voy a soltar jamás. Tú y yo iremos juntas hasta el final". Solo podía mirar impávida su imponente presencia, como si buscara reflejar mi imagen a través de un espejo y sí, ambas éramos luz y forma.

Me tomó y abrazó con tanta fuerza que no supe dónde terminaba su cuerpo o cuál era el mío. "Toma mi mano que yo te guiaré en este viaje. Confía en mí, tú conmigo y yo contigo, baby" y me arrastró hacia arriba, a través del tiempo y en múltiples direcciones. Todo era tan rápido y confuso que me aferré a ella. Mi mundo se volvió inmanente, íbamos y veníamos a través de ductos de luz y tiempo, cual agujeros de gusano que ella manejaba a su antojo. Era mi ánima íntegra, antes de cualquier condicionamiento, aferrándose a mí, mientras narraba mi/nuestra historia.

"Tú y yo, baby, hemos hecho un viaje increíble, juntas cruzamos el océano"... y ahí estaba yo, parada en la baranda del barco, pensando en si lanzarme al mar o no, llorando mientras éste se alejaba de mi pequeño pueblo, llevándome al otro lado del mundo, sola y asustada.

"Tú y yo, baby, hemos hecho cosas increíbles" y me estaba titulando, nacieron mis hijos, amé, fui amada, rompí todos los moldes, hasta que llegué hasta aquí. Su voz no solo narraba mi vida, sino que me mostraba lo valiosa que había sido.

Después me soltó de su abrazo, pero me llevaba de la mano, cual Superman llevando a volar a Lois Lane para conquistarla. Íbamos una al lado de la otra, pero no estábamos solas, ni éramos todas iguales. Pude sentirlas y ver cómo nos transformamos en una pequeña manada, pero yo era la única tomada de la mano de la líder.

También podía escucharlas hablar. A veces una tomaba la voz y a veces otra. Me confundían cuando hablaban entre sí, como ignorando mi presencia, en una perfecta sincronía de mando. ¿Quiénes son? —pregunté— y todas bajamos al bosque. Ya no éramos dos, éramos seis.

Cada una era una mujer, cada una con una voz y luz propia. Vi a la madre, a la sabia, a la inocente y a la niña, a la líder y a mi. "Voy a mostrarte ahora cómo se ve el mundo cuando todas estamos alineadas" y sin mediar palabra, mi guardiana tomó a todas ellas y a sí misma y las metió en mi cabeza. Me sentí como Neo cuando entra por primera vez a la Matrix. Pude ver con claridad a través de mis ojos. Todas las dudas habían desaparecido, estaba completamente segura, me sentía plena, en equilibrio, sabia y en paz. "Tú y yo vamos a salir a cazar". Mis manos se aferraron como garras al suelo y era una leona recorriendo el bosque y usando su instinto. "Nosotras no comemos animales heridos, baby. Esos son para otras. Nosotras queremos al rey de la manada".

Corrimos libres sintiendo el viento en la cara. Tenía la fuerza y el poder de tomar lo que yo quisiera. Mi alma era libre. Había visto por primera vez lo que era caminar completa y no quería volver atrás nunca más.

"Cuando sientes miedo, baby, es porque no estamos en equilibrio. Retrocede, espera. No avances hasta que estemos todas unidas". —me dijo—. ¿Cómo voy a saber a quién de ustedes escuchar?, pregunté. "Ninguna gobierna, sino todas, debes sentirnos a todas para avanzar", respondió la sabia.

¿Si eres tan sabia, por qué me dejas equivocarme? —le pregunté—. "Te dejamos porque eres la única de nosotras que puede ir y volver del mundo intacta" -Dijo. Mi yo inocente me miró y asintió, íntegra, segura y corpórea. La madre permaneció en silencio esta vez. No era su momento de hablar.

"Ven conmigo que voy a mostrarte algo" —dijo este yo sin condicionamiento—. "Ríndete ante ti y di que te amas". Me quedé en silencio, mirándola, confundida. Ella me tomó con firmeza y me gritó: ¡dilo!, ¡di que te amas!. Me asusté. Me ignoró e insistió con más autoridad: ¡Ríndete pleitesía! y con sus manos tomó mi cabeza y me obligó a arrodillarme. Fue tan potente que, llorando en contrición, grite: "Oh mi soberana, mi guardiana, mi leona, mi diosa, mi guerrera, mi sabia, mi heroína, te amo y siempre te he amado". —¡Dilo más fuerte!, ¡grita!— —¡Te amo!— dije llorando—, y el amor más intenso, puro y perfecto apareció ante mí. Lloré de rodillas hasta que ya no pude más. Me entregué con humildad a la inmensidad de este amor desconocido: el amor a mí misma.

Me abracé con la ternura de la madre que me cubrió de besos, secando mis lágrimas y mis gritos ahogados de arrepentimiento, mientras le pedía perdón y le juraba que nunca más volvería a perderme. Lloré acurrucada en todos estos brazos, hasta que comprendí. El viaje estaba por terminar, pero yo quería quedarme ahí para siempre. Había experimentado la máxima forma de amor en el plano personal, ¿quien hubiera querido irse?.

Nunca pude ver su rostro, pero sus palabras me acompañan hasta el día de hoy como un tatuaje: "Tú conmigo y yo contigo baby, iremos juntas hasta el final". Antes de partir me hizo repetir esta oración una y otra y otra vez. Hubo un momento en que ya no podía distinguir si tenía traducción al español o si incluso era posible de escribir en español. Sentí miedo de olvidarla, así que me incorporé como pude y la escribí garabateando en un trozo de papel: "Tú conmigo y yo contigo, baby, iremos juntas hasta el final".

Ese viaje cambió mi vida para siempre. Supe cómo amar y a quién amar; la desalineación que precede a la infelicidad. Aprendí a caminar íntegra y ligera, a ir y venir intacta, trayendo nueva y rica información para estas mujeres curiosas, que se deleitan con mis cuentos y mis experiencias en el mundo real.

No mentiré, no siempre escucho claramente la voz de la más sabia, pero ella ha encontrado la forma de hacerse escuchar. En venganza me envía dolores de estómago, recuerdos, confusión y sensaciones desagradables. Se hace presente con noches de insomnio, no me deja estar cómoda, solo para recordarme por qué, para qué estoy aquí y sobre todo cómo queremos seguir juntas este viaje.
Hasta el final.
Mi final. Nuestro final.

jueves, 5 de junio de 2025

La historia del sabio Cabal


Había una vez un prestigioso sabio, al que todos llamaban "Cabal"

Cada semana las personas más importantes del reino pagaban altas sumas de dinero por ir a escuchar sus enseñanzas o pedir su consejo. Cuando Cabal ingresaba al foro, todos decían que una luz iluminaba su camino y que el candor se apoderaba de ellos. Cabal se sentaba compasivamente frente a la audiencia y comenzaba a contar los sucesos recientes, de cómo estos se conectaban con la historia pasada, de cómo se formaba en la mente las ideas y de cómo se debía actuar en consecuencia al comprender el hilo de sucesos que acababa de relatar. Su manera de hablar dejaba a su audiencia alucinada y aun cuando Cabal estuviera completamente borracho, su labia lo cubría de un halo de paz, algo bien usual cuando el prestigio es acompañado de sensatez.

Una vez terminadas las sesiones con el vulgo, los generales se reunían con él a solas y le pedían consejos para ganar batallas; los soldados para luchar con su temor a la muerte y sobrevivir a las guerras; las mujeres, para mantener seducidos a sus esposos y los esposos para mantener engañadas a todas sus mujeres. Los sabios de las aldeas vecinas venían a pedir la palabra precisa para manipular a otros sabios y los artistas para afianzar su talento. Cabal entonces, se dedicaba íntegramente a cada uno de sus fieles, otorgándoles el poder de autogestionarse, de sanar sus heridas, resolver sus líos, alcanzar sus méritos e incluso, abrazar sus perturbaciones mentales.

Cabal tenia un pequeño circulo íntimo, amable y condescendiente, que le permitía gozar de la compañía de los seres comunes, sin sentirse en la obligación de invertir mas energía en entregar consejos. Tanto así, que era posible muchas veces verlo en reuniones recurriendo a evocaciones espontáneas o en medio de la algarabía de su propio pueblo.

Nadie que se conociera, tenia algo desfavorable que decir sobre este sabio, puesto que, aunque lo hiciese, nadie lo hubiera avalado. Era un hombre que disfrutaba de una vida ajena a la vulgaridad de lo cotidiano y los temas comunes.

Sus enseñanzas habían forjado ejércitos victoriosos, majestuosas obras de arte, estructuras que prevalecerían más allá de los enfrentamientos bélicos, había fortalecido familias y engendrado linajes poderosos y extensos. Le había dado una mano a prolíficos mercaderes, forjado hombres y mujeres de buen juicio, aconsejado a amantes dedicados y dado mas poder a las sílfides. Cabal había transformado a plebeyos en caballeros y a prostitutas en doncellas, sacerdotes en pontífices y leguleyos en magistrados.

El reino se forjaba sobre la sólida sanidad mental de su pueblo, su bullante economía y de tener un rey con buen juicio. Sus cercanos gozaban del escaso tiempo que podía dedicarles tras sus importantes responsabilidades, pues adherían a su imponente figura, abstrayéndolos de sus constantes ausencias.

Un día el sabio se sintió enfermo y aunque ya tenia una edad muy avanzada, no había experimentado antes los males que aquejan al cuerpo que envejece. Presumía de que toda la energía que imponía sobre los demás, se le devolvía en controlar los aires que lo mantenían fuerte y vigoroso. Aunque, al principio debatió consigo mismo sobre cómo aliviarse, su propio consejo fue recurrir a otros expertos.

Fue así que pidió ver a una curandera, a quien él había aconsejado acopiar sus hiervas para no tener que buscarlas cada vez que tenía que atender a los enfermos. Ella al verlo le dijo: "¿Has recurrido a mi consciente de que estás por experimentar tu propia muerte?", sí - asintió Cabal. Entonces -dijo ella- has de saber que el tiempo que te quede por vivir, deberás abocarte a alcanzar la sabiduría". Dicho eso, se aplicó a sus ungüentos. El sabio impresionado, no volvió a su recámara, sino que subió lentamente a su caballo y se perdió en divagaciones, mientras el animal lo llevaba paso a paso a las caballerizas del puebo.

Esa noche no pudo dormir, tampoco en las siguientes, tratando de entender lo que había dicho tan majaderamente aquella mujer regordeta, enjuta y de cabellos ensortijados. Él era sabio, el sabio de los sabios, tenía un puesto en el arco de entrada a la ciudad. Era su busto el que coronaba el templo del rey, se habían hecho canciones en su honor, los reyes le rendían honores, había disfrutado de los mejores banquetes, los mejores vinos, las mas exóticas ceremonias. Había recorrido los mas recónditos lugares del mundo en andas y gozaba de la confianza y gratitud de su pueblo, ¿no era un sabio acaso?.

Así, pasaron los días, las semanas y los meses, mientras lentamente el sabio se iba consumiendo en este pensamiento rumiante ¿no soy ya un sabio acaso?. Un día, se levantó de su lecho, estaba próximo a la muerte. Fue a su mujer y sin más le compartió de sus infidelidades y le pidió perdón, como suelen hacer los cristianos ortodoxos, antes de morir. Luego fue a por sus hijos y les confesó todas las mentiras que alguna vez había utilizado para allanarlos. Fue a su madre mirando al cielo y le contó todas las veces que hizo exactamente lo contrario a sus enseñanzas, fue a su padre también y le habló de su soberbia. Fue a sus discípulos y les confesó que ya no tenia nada que decir. A sus hermanos les confesó el total aburrimiento que sentía en su compañía. Una vez concluido se fue al río y observó su rostro en el agua.  Por primera vez, lloró, pensó que moriría sin responderse esta pregunta. Lloró de amargura y de culpa, pues tras de sí estaban los ojos de todo lo que alguna vez había conocido, herido por sus palabras, sus acciones y omisiones. Había un mundo defraudado y un círculo cercano que se desvanecía hasta el punto de estar complemente solo. cabal estaba sufriendo, por herir y por dañar a otros. Sentía que perdería el busto y no tendría un lugar en los libros de historia. Seria enterrado entre la plebe. Lo había perdido todo en un día, un día exacto antes de su muerte.    

Esa tarde no regresó a casa. Se sentó a descansar bajo el sol, extendiendo sus palmas añosas y vacías. El silencio lo habitó. No sintió pena, menos consuelo, ni certeza. Tampoco había grandeza en el destino que había elegido, solo una brisa leve que, por un instante, le devolvió la imagen de su pasado imborrable.

Nadie lo vio morir. No dijo palabra. Simplemente exhaló, siguiendo con sus ojos grises a una figura descomunal: aquella que precede tan hábilmente el paso a la muerte. El embrujo del último hálito se llevó el apego de Cabal desde este mundo.

No hizo cuenta de su error. No hubo estatua, ni libros escritos en su honor. Solo el recuerdo de sus últimos días, que para todos quienes lo conocieron, fue su vida entera.



  

              

jueves, 25 de abril de 2019

La nueva revolución de la generación "Concientia"

Hace unas semanas en el nuevo colegio de mis hijos, en el curso de mi hija de 10, los papás se coordinaron para hacer una jornada de "mejoramiento de la sala", algo así como una "minga de curso". Como mamá nueva quería estar presente y estrechar lazos con las familias de los nuevos(as) compañeritos(as) y como persona participativa que soy, me ofrecí a hacer las salsas de la tallarinata que se iba a hacer para compartir en esta mini comunidad.

La cosa es que me esmeré en hacer algo rico y sin carne. Más allá de lo anecdótico que resultó que otra mamá llegó con las mismas salsas, que todo estaba exquisito y de que me siento orgullosa del resultado final con la comida, la jornada y la sala, esta nota es para resaltar otro aspecto y es que mientras almorzábamos, varios(as) niñitos(as) antes de aceptar "cualquier cosa" en su plato, preguntaban si las salsas tenían carne. Noté que varios no la consumían y a eso le sumo a los míos que lo hacen muy poco, Simón por ejemplo, con sus excentricidades, la consume cuando es de animal libre, criado sin hormonas y sin antibioticos (un "vegetariano biológico").

Luego empezó a rondarme una idea, ¿cómo es que niños de esa edad han tomado una decisión así? (y tan saludables que se ven, tenía que decirlo), y más curioso aún, ¿cómo un curso puede tener tantos niños en el mismo nivel de consciencia?. Lo 1ro fue creer que de frentón el mundo está cambiando y que la doctrina de que sólo se puede vivir comiendo carne, pronto va a llegar a su fin, ¿hay acaso una nueva revolución en curso? (en términos de Yuval Noah Harari). Conversando con mi marido del tema, me frenó en seco dando cuenta de que estaba justamente parada en una comunidad donde lo tradicional no es predominante y además, era una muestra muy pequeña como para teorizar tan alto; sin embargo, seguí dándole vueltas al asunto y me atreví a preguntarle a los padres del curso, porqué razón sus hijos no comían carne. Las respuestas me sorprendieron, no solo por la cantidad, sino por la variedad. Algunos los niños jamás han comido carne porque sus padres la dejaron de consumir mucho antes de que ellos llegaran a este plano (a los que denominaré "vegetarianos ontogénicos"); en otros, ha sido elección de los niños por conciencia animalista ("vegetarianos animalistas") o porque simplemente no les gusta, ("vegetariano mañosus") y otro porcentaje, por que sus padres no comen carne y ha sido una decisión consensuada ("vegetariano demócrata"), eso sumado a mi "biológico", que tengo en casa, ¿¿suman cuánto???, pues al menos 5 corrientes de pensamiento, donde la carne no ocupa el papel que suele asignársele al diario vivir. Víctor Hugo dijo una vez "No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

Este volón no pretende establecer si la carne o la proteína animal es vital o no para la vida y el desarrollo del niño, eso es resorte de los investigadores, que mas temprano que tarde nos dirán lo que ya todos sabemos. Más allá de los argumentos a favor y en contra de este modo de vida, lo que quiero rescatar es que viene una revolución. La generación de mis hijos, es una generación nueva, a la que denominaré "Concientia", en el sentido de que parecieran tener dominio de su propia existencia, de sus estados y sus actos, por conciencia propia y conocimiento compartido. Ellos van a cambiar la forma en cómo hoy hacemos y vemos el mundo. Probablemente, harán caer a los dioses ¿les explico porqué?.

El mundo  tiene más de 13 mil millones de años, hace 2,5 millones aparece el homo sapiens. El consumo de carne en la época de los cazadores recolectores data de hace 150.000 años (puede ser más, pero no hay pruebas), mientras que la domesticación de los animales para su uso y aprovechamiento es un fenómeno muy reciente de apenas 12 mil años. La agricultura, domesticación y explotación de los animales para consumo, se basó en un criterio de supervivencia y reproducción y a pesar de que es una discrepancia tremenda entre nuestro éxito evolutivo y el sufrimiento individual, se afianzó hasta hoy y se ha visto reforzada por la economía de libre mercado y por qué no decirlo, por la industria de la carne, embutidos, la leche, los medicamentos y los huevos.

Desde hace siglos el hombre viene ingeniándoselas para preservar los alimentos con diferentes técnicas como el ahumado, el salado, el encurtido y las conservas y hace 185 años se inventó el refrigerador, expandiendo el tiempo agrícola y las posibilidades de poder consumir vegetales (y animales), mas allá de su ciclo natural. Internet, las comunicaciones y la posibilidad de viajar y conocer otras culturas, también juegan un papel acelerante en este proceso de cambio, que intuyo se avecina. La alimentación para estos niños, será diferente, romperán paradigmas, a pesar de la cultura de sus padres y la sociedad en la que viven. En 250 a 300 años, es posible que la explotación animal tal como la conocemos, se vea reducida o vea su fin, no por voluntad política o económica, sino porque las personas harán ese cambio, no nosotros, sino ellos, los nacidos en la década del 2000.

La conciencia es el conocimiento responsable y personal, un deber o una situación, el resultado de haber reflexionado y juzgado, no es un mero motivo estético, como donar plata a la Teletón. Celebro estas 5 visiones, en una muestra tan pequeña, celebro pues esas visiones crecerán, se complementarán y unirán a otras y se extenderán, hasta el cierre de la última granja de explotación animal, porque los cambios hoy no toman millones de años, apenas un par de siglos y algunos, tan potentes como pasar de mono a sapiens, unas pocas decenas de años (piense en Internet).

Ya no tenemos limitaciones de preservación de alimentos, tampoco de conocimiento, todo el mundo está en la mano de un niño de 10. No tenemos fronteras para transportar productos de Timbuktú a donde sea, ni la carne es vital para nuestra supervivencia, sólo resta un paso revolucionario de transformación cultural y estos niños llegarán a ser  250 personas adultas en un abrir y cerrar de ojos y con 250 personas que creen lo mismo, se puede cambiar al mundo.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La dialéctica celular - parte 1

Resulta que la enfermedad y la obesidad son una manifestación de un hecho microscópico y complejo, algo que Maturana denominaría como lenguajear y que yo denomino aquí como "Dialéctica celular", en el entendido de que más allá de una coordinación recurrente que ocurre en el exterior, extrapolado a partir de lo que sucede en el interior del organismo a nivel celular, es un proceso recurrente en movimiento constante, concreto y no abstracto, más similar a lo que Lefebvre entiende como dialéctica: "la captación de toda la efervescencia tumultuosa de la materia".

La enfermedad en general y la obesidad en particular, son el resultado del tipo de comunicación que nuestras células establecen entre sí, de qué tan dañadas estén, cuál sea su déficit, del grado de estress oxidativo, de cuántas y cuáles células estén dañadas, por cuánto tiempo han permanecido así, los metales pesados presentes en el organismo, la edad que tengamos y los síntomas que es posble evidenciar. La enfermedad y la obesidad son el resultado entonces de un complejo mundo de relaciones que no logramos entender en el momento oportuno, cuando éramos niños y nos enseñaban biología en el colegio, porque todos sabemos qué es una célula e incluso algunos recordarán sus partes, pero ¿cómo funciona? y más aún ¿cómo se relacionan entre sí?.

En esta historia el daño era aparentemente imperceptible, salvo el hecho de que el sobrepeso comenzó a ser mi distintivo a partir de los 18 años, inicialmente a partir de mis malas decisiones de dieta, pero luego se transformó en obesidad por una relación celular mal establecida; pero no se crean que esta es sólo MI historia, sino que también es la de muchos que que hoy tienen síntomas concretos, como el colesterol malo elevado, la resistencia a la insulina, el hígado graso, caída del cabello, uñas quebradizas, hinchazón recurrente, úlceras, dolores de estómago y en otros casos más extremos, es la historia de quienes sufren de crisis de pánico, obesidad o el temido cáncer.

Desde la década del 60, cuando investigadores y científicos descubrieron la estructura del ADN, comenzó a desarrollarse la medicina ortomolecular, que lo que buscaba y busca hasta el día de hoy,  es preservar la salud añadiendo y quitando a la célula lo que ésta necesita, con el objeto de hacerla funcionar correctamente.

Yo comencé a dañar mis células con malas decisiones, pero luego extendí eso a mi curriculum, donde decía "alta tolerancia al estress" y claro, ignorante yo, pensaba que el estress se manifestaba sólo con las crisis de pánico, la depresión o cosas evidentes ocasionadas por el "trabajo bajo presión". Yo la profesional, me consideraba inmune, pero no, por dentro había una versión opuesta a mis responsabilidades.

Lentamente las bellosidades de mi intestino empezaron a achatarse y a hacer mal su trabajo y aunque esta parte suene a conversación de vieja, sepan ustedes que esas cositas milimétricas que viven en nuestro intestino, que se describen como "unos pelitos" en todos los libros de biología de la básica, son tal vez uno de los órganos más importantes del cuerpo, porque tienen un papel esencial en el proceso digestivo, son los organismos encargados de la absorción de los nutrientes y su distribución al torrente sanguíneo, osea, extraen nutrientes de los alimentos ¿y los envían a dónde?, a las células!!!

El estress en mi caso, aumentaba la cantidad de jugos gástricos y su acidez y así fue como esos "pelitos" descontextualizados en la literatura empezaron a aplanarse, como la mecha de un quemador viejo y a absorber menos y malamente. Ello lento, pero sostenidamente fue generando diversos déficits en mi organismo, imperceptibles, porque son cosas que la medicina tradicional no mide en los exámenes regulares, son cosas que los nutricionistas no evalúan antes de darte una dieta y son cosas que los cirujanos bariátricos no observan antes de operarte, porque la cirugía está cubierta, pero no la inyección de vitaminas. Lo que sí está cubierto es la hora al doctor, pero no el tiempo que este dedica a tratar de entender qué es lo que te pasa por dentro cuando manifiestas una enfermedad u obesidad, antes de darte una pastilla, que también tiene cobertura.

Mi dialéctica celular y a de muchos otros, es el resultado de una educación deficiente, basada en conceptos, mas no en entendimiento. Es el resultado de un sistema de salud que co-financia medicamentos y operaciones, más no nutrición, vitaminas o minerales, esas cosas son responsabilidad de cada uno y cada uno es un ignorante. Esta es la respuesta de porqué las dietas no funcionan o porque ir ir al gimnasio no ayuda a bajar de peso, esta es la respuesta a por qué yo y usted estamos enfermos y gordos o flacos y propensos a desarrollar enfermedades y esta es también la respuesta de porqué la gente engorda, aunque coma poco y bien. Así que antes de aceptar cualquier pinche medicamento, dedíquese a entender 1ro cómo y cuando comenzó esta historia, cuáles son sus células afectadas y como volver a nutrirlas desde adentro, para que la salud salga hacia afuera. Busque la medicina ortomolecular y de paso, gane unos años más de vida.

Les voy a poner un simple ejercicio: hoy día usted puede estar sano, pero todos los minerales que el organismo necesita para tener una buena conversación pueden estar bajitos y usted no lo sabe. Se preguntarán ¿eso qué significa?, significa que a pesar de tener una dieta saludable, hacer ejercicio y tener buenos resultados en sus exámenes generales, puede estar propensos a la desregulación de algunas enzimas vitales para por ejemplo la absorción de calcio, (futura osteoporis). Usted está sano, pero siente cansancio y fatiga, ha visto una disminución en sus funciones cerebrales, nerviosas y le falla la memoria y ha sentido depresión. Hay medicamentos para cada una de estas enfermedades cuando se sintomatizan, pero también existe el MAGNESIO, responsable de la regulación de mas de 325 enzimas en el cuerpo, ¿se entiende la importancia de la medicina Ortomolecular?.

Lo que quiero decir, es que estoy recién empezando a entender y quiero compartir esta experiencia con ustedes y además, les quiero contar una anécdota: mientras conversaba con mi doctora, sobre unos síntomas raros que me producía alguno de todos los compuestos naturales que estaba tomando me dijo (piénselo en cubano): "chica que nosotros en cuba como tenemos pocos recursos, cuando tenemos cualquier síntoma como ese, nos activamos la pineal y vivimos felices, ustedes acá toman cientos de pastillas y el cuerpo lo 1ro que hace es rechazar los compuestos naturales, ve tu y te activas la pineal y ya está", Santo remedio. En la segunda parte de esta historia, les voy a contar un poco cómo se relaciona un déficit en la célula con los síntomas que se pueden observar en el organismo, incluso antes de que se manifieste una enfermedad y bueno, el curioso proceso de activarse la pineal.




martes, 12 de septiembre de 2017

Meditar en lo próximo: El problema del pensar calculante en la educación

Hace unos días nos enteramos del suicidio de un estudiante de la Alianza Francesa, poco después de 2 eventos que permearon una grieta de fragilidad, disfrazada de buen rendimiento académico: lo sacaron del colegio con carabineros tras encontrarlo con 1,7 gr de marihuana (llamaron 1ro a los papás, pero estos no respondieron) y luego, lo expusieron ante el "tribunal de disciplina" de su colegio, el cual lo suspendió por 9 días. Uno de esos días, en vez de reflexionar y escribir un ensayo sobre los efectos del consumo de marihuana en los adolescentes, el niño decide quitarse la vida, ahorcándose en una plaza. 

A partir de este hecho lamentable, donde el huésped inquietante es la decisión adoptada por quienes educan en nombre de Antoine de Saint Exupery, se evidencia un vacío de reflexión que bien puede ser despreciado mañana en nombre del "cumplimiento de obligaciones legales". 

No se si el hecho de denunciar a carabineros, algo que probablemente se repite diariamente en muchos establecimientos del país, el suicidio de un niño post evento traumático o producto de sus propias carencias físicas o afectivas; el perfil del colegio, el tema expuesto a la luz pública, los dichos de sus compañeros, la reacción y declaraciones de sus padres o la suma de todo lo anterior, ha gatillado un conjunto de reflexiones muy apropiadas sobre la insana comodidad que nos ofrece esta cajita llamada educación. 

Sería un error entrar a repetir lo que expuso Cristián Warnken tan lúcidamente en 1ra instancia y luego en sucesivas misivas internas y públicas, pero sí quisiera ahondar en el concepto de de "pensar calculante" que él menciona, pero que en realidad fue propuesto hace mas de 1 siglo por el filósofo Alemán Martin Heidegger, durante su búsqueda de la comprensión de los vínculos entre el desarrollo y el sentido del ser (o sein). 

Para Heiddegger existían 2 tipos de pensamiento, el calculante y el reflexivo. El 1ro orientado a la planificación, estrategia y el control y el 2do, el sentido de todo cuánto es. Lo razonable es que se suprima toda oposición de lo uno con lo otro, pero ¿qué es la educación moderna, sino un mecanismo ad-hoc sólo al 1ero de ellos?. El pensamiento calculante ha sido exaltado como un falso profeta del desarrollo, pero también es el responsable de la contaminación, la depredación, la extinción  y es una forma de vida cosificante, que aliena, robotiza y deshumaniza al niño y finalmente al adulto, pues desde su más tierna infancia lo visualiza como un mero instrumento; aunque también es un hecho que contribuye a la investigación a alcanzar eficacia técnica y eficiencia en el uso de los medios.

Uno termina evaluando la salud mental de un niño a partir de si es buen alumno o no. Niños adoctrinados y eficientes en eventos concretos, exitosos dentro del modelo propuesto para salir del subdesarrollo y alcanzar los estándares de la OCDE, nadie mide hoy a la persona en su integralidad. Como padres estamos perdiendo de vista la esencia de la propia existencia, el pensar meditativo es puesto en un sector periférico, propio de los humanistas o vagos. Pedimos a la educación poner foco en pruebas más fáciles y legibles, que simplifiquen el camino al 7.0. ¿Cuándo ponemos foco en otros aspectos como entregar tiempos de ocio de calidad, tiempo para la creación, reflexión, para formar comunidad?, ¿dónde está el tiempo académico para la solidaridad que se requiere para construir sociedad?, todo eso pasa desapercibido en nuestras agitadas vidas; es más, no tenemos ni idea de lo que esto significa, toma un tiempo demasiado largo, que no tenemos, tiene un costo que no podemos pagar y además depende de la voluntad; por tanto nadie se cuestiona restarlo de las exigencias académicas. Así, la educación resulta completamente funcional al modelo de vida que llevamos. Educar la razón para tener la libertad de tomar decisiones, medir consecuencias y buscar el bienestar de todos, es algo que no veo en el programa ministerial de educación y mucho menos en las quejas de los apoderados que alguna vez asisten a una reunión de curso. La mayoría cree que esas cosas son como los valores y que esos se enseñan en casa. Fin de la discusión.

Puede que esté llevando esta reflexión a un reduccionismo insensato, pero en verdad me preocupa un futuro sobrepoblado de buenos alumnos, vacíos por dentro, que han sido alejados de aquello que los define, los modela y les brinda las certezas necesarias para enfrentar las carencias de la sociedad y las propias crisis internas. Temo por la falta de comunidad, la empatía y la perdida de aquellas palabras que permiten a un niño expresar sus sentimientos y sus emociones cuando necesita taerlas al plano real y que prefiere dejar un mensaje al mundo, ahorcándose en una plaza, un mensaje terrible que pudo ser expresado de múltiples formas, pero que tal vez, nadie supo interpretar, total todos andamos igualmente perdidos.

Si estas dos formas de pensar se alejan o se construyen como únicos modos de acceso legítimo a lo real, amputamos la capacidad de dimensionar la realidad, por eso ahora todo es quien es más culpable o inocente, pero nunca ambas.


martes, 18 de abril de 2017

La vida y la muerte en una taza de café

Ahí estaba yo, revolviendo un café cortado luego de un sueño increíble la noche anterior. ¿Y si mi café no es más que un patrón que se repite en todo el universo y pasamos como la espuma a la leche, hacia una esfera distinta cada vez que dejamos un plano?. No estoy creando el agua tibia, otros ya lo han pensado, eso de que vivimos en realidades paralelas. Yo estoy en la espuma y en paralelo, la leche y el café, el cristal, la mesa y mi hijo en clases de tecnología... En una de esas yo estoy en el café y no en la espuma como me figuro, pero más allá de eso, me importa reflexionar sobre ¿cuál es el gatillador que nos hace pasar de un plano a otro?.

Me pregunto si será como dice la filosofía shramánica, que se avanza cuando alcanzas el nirvana y se trasciende de las emociones, lo material y lo fenoménico individual, lo cual me parece un tremendo empeño, para el que muchos seres más simples, como yo, no estamos preparados; ergo, aquel no puede ser el único camino, mal que mal no todos somos budistas o hinduístas e igualmente, estamos en tránsito. Tal vez pasamos de la espuma a la leche o de la leche al café, cuando abrimos nuestra mente a un conocimiento superior, como el ideario de los dhármicos, una metáfora del pensamiento en el cual un tercer ojo ubicado en distintas partes de la cabeza (según la religión), nos permite sincronizarnos en correcta vibración con el universo; sin embargo aquí tampoco encuentro una respuesta, sobre todo porque soy consciente de no soy hinduista, ni taoísta e igualmente puedo conectarme con la energía del universo.

¿Será que el paso de un plano a otro es continuo y concordante a la edad de nuestra alma?. De alguna manera alteramos la materia y hacemos vibrar cuerdas universales en nuestro mismo plano, ¿qué tal si el presente no es más es un agujero de gusano y avanzamos cada vez que vibramos?, ya en si misma la palabra "vibrar" representa movimiento alrededor un posición, lo cual no implica desplazamiento y aún así no significa que no avancemos...si nuestra consciencia ha sido identificada y se está estudiando que nos disipamos al morir, ¿quién puede negar que tal vez es el momento en que atravesamos de un punto a otro por un camino infinito?.

Si aceptamos que nuestras almas son eternas y que el tiempo es lineal, entonces es perfectamente válido pensar también que nuestra alma puede tener una antigüedad distinta a la de otras personas; entonces, si el tiempo, el espacio, la energía y la materia son tridimensionales, algunos pueden acceder más fácilmente en el plano que habitan a un conocimiento, porque de todas formas deben seguir avanzando en consonancia a los gatilladores que ha adquirido en su viaje. Mal que mal la ciencia dice que todos nacemos con las mismas habilidades, pero algunas se desarrollan más que otras.

Pienso que el gatillador, entendico como aquel ese que nos permite avanzar por los anillos de este agujero que es la vida, es el conocimiento, entendido como un acto de razón, más allá del mero producto final del proceso de aprendizaje dogmático o pragmático, conocimiento como el acto de conmoverse, trepidar, como cuando descubres vívidamente el amor. ¿Qué otra forma de conocimiento más contundente es el amor, como acto de aprendizaje?, Tal vez por eso la música es una instancia de aprendizaje tan rica y compleja a la vez, es ahí donde los alquimistas modernos deberían poner sus instrumentos de medición, para ver vibraciones y cambios de estado en el alma de un niño golpeado, solo y resentido, que se estremece en el eco de sus cuerdas vocales o el tañido de las cuerdas de su guitarra.

Yo tampoco se de música, pero tal vez, sólo tal vez cuando nos estremecemos nos acercamos un poco más de la leche al café, que no es más que un estado distinto, como la muerte, la pequeña e ínfima muerte donde somos inconscientes de la ruta de tránsito. Me pregunto porqué, pero bueno, eso puede ser materia de otro volón.

lunes, 13 de marzo de 2017

Pedaleando hacia un futuro incierto

Ayer salimos con mi hija en bicicleta. Hace rato que quería hacer alguna cosa solo conmigo. Mientras pedaleábamos, una al lado de la otra, me dijo que algún día quería irse conmigo a recorrer Chile en bici. A mi me pareció una idea excelente, le dije que sí al tiro, pero primero teníamos que cambiar de bici, porque en las de paseo no llegamos a ninguna parte. Nos pusimos de acuerdo sobre qué edad tendría ella cuando emprendamos el viaje y me dijo que a los 14 años le parecía una edad apropiada. Decidimos ir hacia el norte y me preguntó dónde íbamos a dormir, si podía llevar a "pipa" y su ropa favorita y así, nos fuimos andando y armando este futuro divertido y lleno de aventuras.

De pronto pensé que cuando ella tuviera 14, yo tendré 50 años y hasta ese minuto, nunca me había cuestionado el paso del tiempo. Tuve miedo al pensar si estaré en condiciones de cumplir su sueño. Me pregunté cómo estarían mis piernas, mi cuerpo y mi mente a esa edad. En algún punto hasta me aterroricé. Yo soy la mamá que todavía le gana las carreras, que logra subir pedaleando hasta la casa, por esa enorme cuesta que nos separa del plano; la que sube cerros, la que nada, la que anda en patines, la que trepa al árbol de damascos a sacar los que están a una altura inescrutable. La mamá que mis hijos conocen hoy, sí puede emprender ese viaje mañana.

Uno podría engañarse pensando que el futuro "físico" depende sólo del acondicionamiento, es claro que en un porcentaje sí, pero también del azar, de los genes, de la suerte y de la vida misma. ¿estoy haciendo lo correcto cuando le ofrezco un viaje imaginario a mi hija de 7?, tuve miedo de que algún día recuerde ese momento y piense que le mentí, que no cumplí con mi parte del trato. Creo que debo retomar esta conversación más adelante para decirle que deseo con toda mi alma hacer ese viaje con ella, pero debe saber que su ocurrencia, no depende solo de nosotras dos.

No me reconozco con un divagar aciago, pero de todas formas, como madre responsable no quiero dejar promesas sin cumplir. De todas formas, me consuela saber que mientras pedaleábamos le compré una bicicleta nueva,con alforjas rosa, le hablé del calor del sol en La Serena, de la arena caliente del Valle de la Luna y supo de las empanadas de mariscos de Los Vilos. Hice ese viaje con ella ayer domingo 12 de marzo de 2017.

Por ahora, me resta tratar con aquello que puedo controlar, en una de esas a los 50 sí puedo poner en la alforja a su muñeca "pipa" y llevarla también a recorrer el mundo.


sábado, 23 de julio de 2016

Confesiones de borde: Quiero saltarme la vida

Voy a hacer una confesión. Estoy en crisis, he llegado a un punto en el que simplemente no quiero seguir viviendo. Quiero saltarme la vida y partir.
Llevo dándole vueltas harto rato al tema, tratando de entender qué es lo que me ha llevado a estar en este estado anímico y bueno esta es mi reflexión...

A partir de los 40´s algo pasa. Cuando los cumplí no sentí nada especial y pensé que eso de la crisis no venía conmigo; sin embargo, a poco andar por la década ocurre que se han ido esfumando emociones y se han ido quedado otras muy marcadas...lo que yo describiría como la naturaleza "inmóvil del ser", se está apoderando de mi. ¿Pueden pensar un momento en sus padres?, les carga salir de su casa, rallan la papa con ciertos temas y costumbres, si vienen a tu casa se quieren ir, les da pánico manejar o subirse a un bus, les duele el cuello en tu mejor almohada, se quejan, se sienten incómodos y uno lo único que quiere es que se salten todas sus cosas raras y deseen vivir como uno, Bueno, en alguna parte de las vidas de nuestros padres, se fijaron las emociones o motivaciones de hoy. Siento que estoy en esa etapa, mis emociones se están inmovilizando y ya comencé a rallar la papa. Primero fue el pánico a manejar, otras veces es que estoy en un lugar al que quería ir, pero me quiero ir y hoy es este desincentivo vital, que aun no sé a dónde conduce.

Anoche estaba con unas amigas hablando de esto y como he dicho en alguna ocasión, siempre la respuesta es la más simple (pero no por eso la mas sencilla). Mi amiga Poly me dijo, lo que a ti te pasa es que te quedaste sin "incentivos para vivir" y claro...¡es eso!

Llevo años siendo madre, esposa y trabajadora y en todos esos años he relegado lo que soy a un plano donde pareciera que no existo. Esa estrecha relación con migo misma, de la que hablaba en el volón anterior, se ha ido quebrando. Mi motor de arranque, ese que me llevó a cumplír mis sueños de crecer, estudiar, amar y dar vida, está desconectado. Hoy tengo que encontrar las llaves y volver a partir, no quiero llegar a la vejez en este estado.

¿Hablemos de la valoración?, también creo que es un tema que influye en el estado anímico en el que estoy, ¿me siento valorada?, que tus hijos te digan que te aman o le saques esa frase a tu marido alguna vez, ¿son suficiente incentivo para soportar todo lo que resta por vivir, hasta que la muerte te lleve?, para algunos puede que sí, pero para mi no, Ser valorada tiene que ver con ser reconocida como un individuo, un ser único en múltiples dimensiones, yo no soy sólo madre y esposa, sino un ser de propósitos, por mucho que me haya enfocado en esas dos esferas, (haciéndolo bien o mal), yo soy mas que eso, pero ¿qué?, bueno, por eso estoy escribiendo este volón, esperando que si lo vuelvo consciente, la respuesta llegue. Lo que necesito ahora es que mi familia me apoye, me de tiempo y espacio para encontrar las fuerzas y la energía para encontrar el rumbo. Lo que menos necesito es que me pregunten si estoy segura, porque no estoy segura de nada, estoy tan perdida como una adolescente y necesito tanto incentivo y reconocimiento como un niño.

La verdad es que todavía no se qué voy a hacer, suicidarme no está en la lista, así que tranquilos. Por ahora estoy en blanco, pero al menos tengo algo, gracias a la Poly. Estoy al principio del camino, consciente de que no sé quién quiero ser mañana, lo cual es suficiente como punto de partida. Otro día les cuento cómo me va.


lunes, 11 de julio de 2016

No se nace pobre, cuando se nace pobre

Yo digo que hay gente que está más o menos conectada con sigo misma, o dicho de otra manera, tienen una estructura interior más o menos cercana y eso influye en su determinación frente a la vida. Mientras más estrecha es esa relación interna, mas resiliente se suele ser.

Siempre me había preguntado, porqué me incomodaba tanto cuando las personas me felicitan por lo "esforzada", en el sentido de todas las cosas que he logrado en la vida. No es que no agradezca la consideración y el reconocimiento, pero ese "adjetivo" me es ajeno. Pienso en que se fundamenta en una interpretación errónea del ser humano. Esa idea de que la gente "pobre", pero "esforzada" es digna de reconocimiento, es lo que sustenta campañas como la de Laurence Golborne y su: "Sí es posible", (que gracias a Dios no prosperó en nuestro precario escenario de política nacional).

Se trata de una minimalización del individuo, en el sentido de vernos como sujetos de pobre estructura interior cuando nacemos en condición de "pobreza". Sin ofender a nadie, pero eso es, ¿cómo decirlo?...¡racista y clasista!. Mientras una persona más se distancia de su condición de origen, ¿más mínimo ha nacido?, pues no. Para mi, lo que somos depende de qué tan sólidos somos en nuestra estructura interior, eso es lo que moldea un mayor o menor grado de adaptación al entorno, lo que nos permite hacernos a nosotros mismos. Eso Maturana lo denomina Autopoiésis.

La idea de que sólo en las clases sociales distintas a las de la pobreza, se nace con todo lo necesario para llegar a ser "alguien" en la vida, es una deformación del pensamiento. Los pobres como yo, no avanzamos solo gracias al "esfuerzo" o a la "inteligencia", sino que a la relación que establecemos a nivel interior. Yo no nací pobre de mi misma, nací probablemente como un sistema eficiente, que designó la manera de transformar el entorno manteniendo su identidad, por eso la palabra "esfuerzo" no me hace sentido, Las personas son lo que son por su grado de certidumbre respecto de las cosas que hacen, decisiones que toman y gracias a su percepción de lo que ocurre en su mundo interior.

La teoría de la autopoiesis plantea que el entorno afecta a los seres vivos en el grado que éstos lo permiten. es por ello que (literalmente), "en desequilibrio, los sistemas autopoiéticos, son capaces de conservar una consistencia estructural, absorbiendo permanentemente la energía de su medio". El mérito en síntesis, está en el equilibrio, independiente del entorno. Más que esforzada, yo soy equilibrada.

Alguna relación debe existir entre el "equilibrio", que para mi no es otra cosa que la relación que uno tiene con uno mismo, y el éxito en el sentido de lo humano. Nacemos y ya tenemos la capacidad de decidir sobre las experiencias que nos conducen y mantenemos esa característica de por vida, avanzando a costa de los errores, fracasos o un ambiente adverso.

Pese a que todas las teorías de la sociología postulan que la carencia impacta negativamente en el desarrollo y que la falta de oportunidades determina muchas veces el futuro, quiero pensar que son las excepciones las que demuestran lo contrario. El ser humano nace rico y completo en cualquier condición. El curso de la vida nos propone distintas maneras de replantearnos y al final, terminamos siendo alguien ad-hoc a la distancia que se establezca en esa relación con uno mismo: a menor distancia, más "éxito" (en el sentido que justifica este volón).

Cada vez que alguien pasa por un mal momento, ¿está además distanciado de sí mismo?, pienso que sí, sino cómo es que la respuesta es siempre la misma y más obvia: toma la decisión que te hace bien. A mi hacía bien estudiar, ser matea y pava. Cualquier cosa que hubiera tratado de hacer distinto a eso, me tendría ahora caminando de espaldas.

Dado que nacemos con la continua capacidad de producirnos a nosotros mismos y en esa producción vamos de la mano o separados de nosotros como fuente de inspiración, es que planteo darle una vuelta a nuestra visión de la pobreza. Las personas comúnmente denominadas "esforzadas", realmente lo que hacen es conducirse por un camino que les es simple de manejar, yo no llamaría eso esfuerzo, tal vez sí "determinación", en el sentido del determinismo, donde "el futuro es potencialmente predecible desde el presente".

martes, 24 de noviembre de 2015

El problema no es el divorcio, sino los divorciados

Si me preguntan si estoy de acuerdo con el "divorcio", lo primero que diría es que no; y...es que soy una mujer tradicional, pacata, preocupada del qué dirán, temerosa del fracaso, idealista, criada bajo la religión católica y estrecha de mente, así de honesta, simple y compleja a la vez. A mi eso de tener la libertad de ser insoportablemente leve y darse el lujo de dejar botada a una familia cada 7 años, me produce tirria, Para mi la única libertad que existe es elegir ser una mierda de ser humano o lo contrario. Me pasa lo mismo con el aborto y la posibilidad de que una persona que pasa un mal momento tenga la libertad de decidir sobre la vida de otro, basado en el preciso instante en que se mira el ombligo, (excluyendo por su puesto embarazos inviables, violación, peligro de vida de la madre, si tampoco soy Opus Dei). Dicho esto, de que soy una mujer anti divorcio, pero que asume como todos, que en cualquier momento su relación puede fracasar si se acaba el amor, declaro que lo que  en realidad detesto no es la ruptura del "contrato de matrimonio", eso a todos nos puede pasar, sino al "divorciado" como adjetivo. A la persona que conscientemente se separa mal de aquello a lo que debiera estar unido para siempre.

Pregunta de principios ¿qué argumento tiene alguien que ha amado y que ha sido amado(a) por un otro, para invertir tiempo y energía en destruir lo que hubiere construido en pareja?, construcciones fenomenales en algunos casos y en otros, espantosas, pero bueno, eso es tal vez lo único honesto que queda de referencia en una relación, ¿o no?. Trato de buscarle sentido al profundo daño emocional que un ex puede causar de manera intencionada y sin miramientos a la pareja/familia que deja atrás, a sabiendas del dolor que causa y que además consciente de que todo eso se graba en los hijos/hijas, quienes luego simplemente pueden repetir o soportar esa misma conducta.

Me indigna la falta de consecuencia del "divociado(a)", como cuando una persona se jacta de no creer en Dios y luego se casa por la iglesia y/o bautiza hijos propios o ajenos ante un cura; aquel que odia a los animales y luego pasea salchichas con correa rosa, aquel miserable de afectos que hoy desborda caricias y palabras amorosas en su nueva portada de facebook; aquel egoísta que luego prodiga ante los ojos de quienes estuvieron negados del placer que sólo él/ella, podía proveer. Me conmueve el dolor y como soy estrecha de mente, no encuentro ninguna bondad ni justificación en todo esto. Me pregunto cuánto tiempo se puede ser una persona diferente, sin que venga un nuevo y triste divorcio.

No hay manera de que pueda darle sentido al engaño, al divorciado atemporal, ese(a) que abandonó a su pareja e incluso a su familia mucho tiempo antes de que lo(a) pillaran en el engaño. Ese(a) que transfirió la culpa al otro, antes de reconocer que no era capaz de hacer feliz o ser feliz en su relación presente, ¿Qué tan difícil es ser honesto?, ¿cómo se justifica destruir la autoestima del otro al que juraste amar y respetar, persiguiendo o dejando que entre a tu vida un otro/otra sólo para se te vuelvan a erizar los pelos?, ¿no es más sencillo poner fin a tu relación en el momento adecuado, antes que recibir todo el odio y el dolor del engañado?, ¿no es eso más humano que dejar que un hijo/hija, que por definición admira a sus padres, vea cómo es perfectamente válido que él/ella hagan o vivan lo mismo a futuro?.

¿Cómo justifica el "divorciado", negar a los hijos los recursos económicos y afectivos que merecen para que sigan adelante manteniendo el mismo estándar que tenían, pero solos con su madre?, porque esa es la realidad, es la madre quien se queda con los hijos, ya sea por que ella no podría separarse de ellos ni en sueños, o porque la sociedad la condena si solamente lo pensase; para qué decir si lo hace. Yo creo que en Chile es más fácil ser divorciado varón, porque la única obligación que se tiene es económica (que no es menor, está claro), no está obligado a procurar tiempo de calidad con sus hijos, nadie lo obliga a preocuparse de que hagan las tareas todos los días, estudien, pasen de curso, de atender sus problemas emocionales adolescentes, estar presente en los buenos y malos días. Yo se que algunos lo hacen, pero no estoy hablando de ellos, esto está dedicado a los malos "divorciados". Todos estos detallitos, suelen dejárselos a la madre, ellos se dedican a retratar un buen momento para facebook en un restaurante, sobre todo cuando toca la casualidad de que no cocinan. Es un favor, pedirles que además planchen uniformes o revisen los cuadernos al mismo tiempo, Es por eso que muchas mujeres dueñas de casa o con sueldo de obrera, terminan en el peor de los escenarios, cuando les toca tener un ex divorciado de ellas. No quisiera estar ni por un instante bajo el poder de decisión de un macho proveedor de este tipo.

No puedo dejar de mencionar a los divorciados que compran hijos con viajes, paseos de fin de semana y salidas a comer. Ese es el mejor de los escenarios para los hijos, pero todos sabemos que eso es insostenible en el tiempo, también se puede ser padre sin un peso, pero con una construcción afectiva de calidad.

En este mundo tan humano y tan demente, donde uno siempre recibe apoyo para justificar lo injustificable, resulta que la loca soy yo por decir estas palabras a un/una amigo(a) divorciado(a), sobre algo que en realidad debería decirle todo el mundo. En todo caso es bien simple, si después de leer este volón considera que soy una tarada, elimíneme de facebook y punto.

Ahora bien, si me eliminó de facebook hace rato, como sé que de igual manera van a leer estas líneas. quiero decir que sólo pretendo que Ud. no sea una mierda de ser humano y no herede lo peor de sí mismo(a) a sus hijos.

Por acción u omisión también podría separarme algún día, porque las relaciones de pareja son la cosa más compleja que existe, luego de soportarse uno mismo y criar hijos. No estoy por sobre nadie en ese punto, sólo que al menos haré un esfuerzo consciente por no ser un adjetivo, sino un simple proceso notarial. Se habrá muerto el amor, habremos podrido nuestra relación con el esfuerzo sostenido de ambos, pero como dice mi hijo, el respeto es una exigencia en toda relación, incluso en las de los post divorciados.

martes, 30 de junio de 2015

¿Es usted La Loca de la Cartera?

Hace una semana mi empresa me ofreció trabajar media jornada desde mi casa, sin haberlo yo pedido. Fuera de la impactante sorpresa de saber que en alguna parte existe eso que se denomina"reconocimiento" por el trabajo realizado, tuve que tomar una decisión ¿bolso o cartera?, pero las dos cosas juntas, ni muerta.

Antes de este volón, tuve que hacer el ejercicio de llegar a la oficina descargada, para volver en la tarde con el Notebook, así que me organicé y salí de mi casa con todo lo que necesitaba, pero en los bolsillos. De pronto las carteras comenzaron a parecerme un objeto fatuo y alienante, mientras caminaba desfilaban sin excepción maxicarteras, day clutch, nigth clutch, mini bags y statement, entre otros modelitos disponibles en tiendas. Me sentí pésimo pensando en lo diferente que sería este mundo si no nos dejásemos llevar por la moda. Somos el caso de éxito del marketing que nos hace creer que amamos con locura "los zapatos y las carteras", ¿le suena familiar?, ¿quién dijo que es lo único que nos gusta?, ¿no le parece raro que toda la población femenina tenga los mismos fetiches?, ¿ha intentado alguna vez no llevar un artículo que es impensable no llevar?, ¿realmente nos gusta tanto cargar tanta porquería de gusto o somos weonas?. Haga el ejercicio.

La verdad, verdad, es que apenas necesitamos un monedero donde quepan las tarjetas las llaves y el celular. Todo lo demás está de más. Explíquenme entonces¿para qué cresta cargamos todos los días enormes billeteras de cuero con diseño, estuches de cosméticos, tampones, espejo, papeles, tablet, monedas y cuando cachureo olvidado existe, sobre frágiles espaldas que tienen que soportar cosas mucho más importantes que la sonsa combinación de plástico de basurero en el cuello y en los pies?, la verdad, verdad es que no tiene sentido. El sentido se lo da la industria y la publicidad.

Es curioso, pero desde que dejé la cartera en la casa me duele mucho menos la espalda, camino derecho y me siento más segura. No quiero ser grosera, pero hasta me siento un poco más libre y empoderada...no se, cómo si mirara a la gente comer una cajita feliz, mordiendo una manzana.

Cuando esté frente al aparador embelesada como las locas, por la fútil muestra de color y textura entre tacos y bolsos, acuérdese de mi y corra a comprarse un sombrero, los sombreros son la nueva cartera de las libertarias, así le damos al mercado algo en qué pensar y a las mujeres una nueva moda que perseguir. Después chocaremos con los postes, pero siempre combinadas con el abrigo, dignas, siguiendo el dicho "antes muerta que sencilla".

lunes, 8 de junio de 2015

¿Está usted tratando de gerenciar su casa?, escúcheme un momentito

Venía el viernes en la noche super cansada haciendo un repaso de todo lo que tenía que llegar a hacer a la casa. Me había ido en la mañana super temprano, haciendo un repaso de todo lo que tenía que llegar a hacer en la oficina ese día, todo iba viento en popa, hasta que pasado un lomo de toro, vino la epifanía...me veo a mi misma haciendo la revisión cantonesa a dos niños pequeños, formados en fila a los pies de la escalera, soportando el reto diario y junto con eso, recuerdo lo que alguna vez le escuché decir a un amigo sobre su ex esposa, a la cual sentenció de que fuera gerente sólo en la oficina, y ¡zas!, me cayó la teja.

Y es que en la oficina yo soy una máquina de eficiencia, hasta podría mostrarles un screenschoot de whatsapp donde mi jefe me dice que confía 100% en mis decisiones en torno a algo absolutamente menos relevante que abrazar a los niños en casa por sobre todo, aún cuando no hayan hecho la tarea o completado las actividades de clases. Soy en mi casa una extensión de la oficina. Visualizo el mundo más valioso que tengo, ¡como si me estuvieran midiendo por Gestión del Desempeño!, ¿Acaso a usted no le ha pasado?.

Más aún, he llegado a la conclusión que el amor y la eficiencia llevan caminos opuestos. Hace unos días a mi marido se le quedaron los almuerzos de los niños y yo fui lo menos empática que podría haber sido, porque según yo, ¡a mi nunca me hubiera pasado! y es cierto, tengo tan clara la lista de mierda, que se me olvida lo más importante, que en mi casa para alcanzar el éxito, no es necesario pasar a llevar las emociones de quienes amo. En la oficina es diferente, si te tienes que agarrar con un compañero que no ha hecho la pega, te agarras no más, total tu sabes que prima el producto, para eso te pagan, para que hagas bien la pega.

Cada uno de nosotros, que trabajamos fuera de casa, somos gerentes de un pequeño feudo y nos pagan por hacer de ese feudo un área exitosa, 10 horas al día y más, mentalizados en esa rutina, es para llevar a la ruina relacional a cualquiera, tampoco se sientan tan mal, sólo sepan distinguir la diferencia entre como conducimos lo uno y lo otro, por que tampoco se trata que la casa ande al lote, pero sí se trata de que funcione bajo un principio diferente, el amor.

¿Cómo reconocer si usted está tratando de gerenciar su casa?, pues fácil, ¿lo primero que hace después de saludar, besar, abrazar, es comenzar a pasar lista?, ¿se zambulle en los cuadernos de los niños y los reta por las faltas de ortografía, por las rayas, las hojas menos, las frases a medio terminar y la mala letra?, ¿ordena la mochila con los cuadernos en orden cronológico?, ¿abre los estuches y le saca punta a los lápices y los reta por que faltan o porque están chiquititos por tanto sacapunta?, es usted de los que terminan el día exhautos de tanto organizar eficientemente vidas ajenas?, Es usted una persona con la vida doméstica 100% organizada?, seguro que para todo eso está pasando a llevar a alguien en sus emociones...córtela.

Hay que darse tiempo para el amor, para mochilas en despelote, almohadas con funda cambiada, para cambiar las cosas de lugar, para besar y abrazar más y pasar menos lista. Eso no más. Abrazos.




martes, 5 de mayo de 2015

¿Cómo lo estamos haciendo con el Arte de Hablar?

Hace unos días leí esta frase: "Pasamos el primer año de la vida de un niño enseñándole a andar y a hablar, y el resto de la vida a guardar silencio y sentarse. Algo no funciona bien". Esta reflexión es del astrofísico, escritor y comunicador científico Neil Degrasse Tyson (el conductor del programa Cosmos: a Space-Time Odyssey).


El martes pasado fui a un evento tecnológico estilo gringo, donde los oradores principales eran argentinos, venezolanos, mexicanos, colombianos y también hubo una chilena. Debo decir que los extranjeros eran desenfadados en la oratoria. Crearon un concepto y montaron un espectáculo lúdico, natural y cercano. Muy entretenido, salvo mi compatriota que tuvo ese típico comportamiento del niño chileno descubierto conversando en plena clase, el niño atemorizado, avergonzado y que nervioso no hilvana bien las ideas. Ella, una mujer bastante locuaz en lo personal, se subió con el estigma del niño que habla mucho y lo anotan en el libro a cada rato, con la marca de aquel al que siempre le han pedido que se calle. Su presentación no fue más que el resultado de años de opresión y negación del uno mismo. Yo la vi como a una niña tratando de no ser apuntada con el dedo por los compañeros de 1° básico. 

Partamos por el sistema educativo que ve de forma negativa y sanciona constantemente el hablar, sobre todo en lugares con salas de 45 niños a cargo de un sólo profesor. Hablar en sí es mal visto, hablar bien da lo mismo, no se premia, no se estimula y no evoluciona. 

¿Y qué pasa en casa?. Cuántas veces he escuchado a mis amigos decir que sus hijos hablan demasiado o sancionarlos (y me incluyo), en complicidad con el profesor que escribe en la libreta "su hijo es demasiado conversador". Nosotros como padres no estamos siendo precisamente un pilar del proceso de aprender a dialogar. ¿Qué estamos haciendo para encausar la loca verborrea infantil?. Cómo fomentamos la conversación?, yo la verdad es que veo que sólo la censuramos.

Hay que ser demasiado resiliente para que, aún teniendo a todas las instituciones en contra, nuestros hijos sean capaces algún día de subir al escenario y dar un buen discurso. ¿Tenemos que hacer que pasen por eso?...

Es tiempo de replantearnos el tema y poner foco en el futuro buen anfitrión, en el orador confiado en sí mismo, en el chico discursivo pecho al viento. Cómo cualquier arte éste se inculca, se cultiva, se practica y se perfecciona.

Por alguna razón nuestra sociedad es campeona del Whattsapp y mala para hacer visitas y llamar por teléfono. Nos cuesta hablar, le tenemos miedo a dirigir la palabra al público, a alzar la voz y los que tienen un poco más de personalidad tampoco son inherentemente brillantes en oratoria, como cualquier arte, hay gente que tiene más talento que otra, pero me parece que hablar en público es una cosa básica. ¿O no?. 

Como base debemos potenciar en los niños un conjunto de elementos para ser un buen orador:  la capacidad de entender, tener un punto de vista, crear un concepto discursivo, confianza en sí mismo, desenfado, empatía, volumen, postura corporal, gracia y simpatía, pero sobre todo darles espacio para adquirir EXPERIENCIA DISCURSIVA. Díganme ustedes ¿dónde se aprende eso, si no es en la casa y el la escuela?. 

Ahora si usted quiere transformar a su hijo en un keynote speaker, puede sumar otros elementos de apoyo, como participar y potenciar su conocimiento específico en temas tan importantes para ellos como el minecraft y los dinosaurios de la época del cretáceo; colaborar con el ritmo, es decir que sepa moverse sobre el escenario con gracia y en sintonía con el espacio; potenciar sus habilidades complementarias, como por ejemplo ejercicios de puntería, magia, pasos de baile o tocar algún instrumento, de manera de que esos conocimientos aporten al discurso o configuren el discurso en sí. 

Me parece que pasar por alto el arte de hablar es también fomentar la ignorancia, ¿qué es el conocimiento sino una necesidad natural de explorar y comunicar?. Finalmente los dejo con esta última reflexión (también de Degrasse): "No hay ninguna vergüenza en no saber, el problema surge cuando el pensamiento irracional y el comportamiento subsiguiente llenan el vacío dejado por la ignorancia". Un abrazo.


viernes, 13 de febrero de 2015

Las cinco cosas que odiamos de trabajar

¿Te gusta tu pega?, piénsalo bien...¿te gusta, la odias o odias lo que tu eres en tu pega?.

Mucha de la gente que conozco reconoce que no le gusta lo que hace, pero no le queda más remedio porque eso es lo que paga las vacaciones en Punta Cana y en Punta Picana.

Hace un tiempo me propuse dejar de quejarme de mi trabajo y comenzar a mirarlo con ternura, algo así como reconciliarme con la oficina; al fin y al cabo, tengo seguro de salud, teléfono, un salario seguro todos los meses, aire acondicionado en verano y calefacción en invierno...vivo en el olimpo! y aún así todas las mañanas se desata un gallito entre mi voluntad y mi yo, ¿quién convence a quien para levantarse?. Mi voluntad termina ganando cuando le dice a mi ego, "¿oye, en qué quedamos?, hiciste un compromiso de levantarte todos los días con la cara llena de risa ¿y ahora ya empezamos de nuevo con la misma cantinela?" y bueno, la culpa ustedes saben que es como un balde de agua fría, hace que uno salte de la cama como resorte hacia la rutina.

Me pregunto ¿por qué nos cuesta tanto ir a trabajar?, a fin de mes igual disfrutamos de una u otra manera lo que podemos hacer con el sueldo y bueno, aquí les va mi volón.

1. ¿El problema son los colegas que hacen mal la pega o somos nosotros?

El metro es como una consulta psicológica o un vagón psiquiátrico; por alguna razón todo el mundo lo usa de salita de terapias para sacar las frustraciones de la jornada laboral. Es un océano de relatos, cahuines y pelambres laborales. Estoy segura de que si pusiera una grabadora todos los días, podría escribir un libro titulado "El perfil del trabajador chileno". Les pongo la típica conversación a las 8:00 o si prefieren a las 18:45: 2 o más colegas frente a frente, uno contando lo que le pasó ese día, (un pelambre contra un colega), contando lo mal que el otro hizo la pega, los pasos que uno siguió, lo bien que lo hicimos, lo mucho que merecemos reconocimiento y la inexplicable razón por la cual el colega que hace mal la pega, aún sigue ahí y más encima gana mas que uno. Es cosa de escuchar las conversaciones, son todas iguales. Ese vagón lleva lo más granado de nuestra idiosincracia y la mamonería que nos precede. Vemos el trabajo con los ojos de las madres de hace 200 años. En la pega mostramos la hilacha, eso que aprendimos en la casa; una casa donde la mamá se mete en todo lo que hace el cabro chico, donde inconscientemente la buena crianza se malentiende en hacer niños centrados profunda e irreparablemente en ellos mismos, donde aprendemos desde chiquititos que todo lo demás está mal hecho, donde el niño ve y escucha a la mamá y al papá criticar a la vecina y a las amigas sobre cómo éstas crían a sus hijos. En el trabajo somos una fotocopia de esa sociedad proteccionista y temerosa del otro. No por nada los franceses nos critican los métodos de crianza y los ingleses y los suecos y bueno, todo el mundo. En la pega nos cuesta el trabajo colaborativo, el jefe se cree bacán y el guardia de seguridad también. Finalmente la reflexión es ¿son los colegas los que nos hacen la pega un infierno o somos nosotros que no sabemos cómo tener una mirada más amplia y empática sobre el entorno?

2. La distancia entre nosotros y la cultura corporativa

Por supuesto, en una sociedad donde las personas están centradas en ellas mismas, mientras más distancia exista entre la cultura corporativa y la cultura individual, mas insostenible es soportar el trabajo. 

Pienso en mi amigo marxista que dice cuanto odia a su jefe cuando calcula matemáticamente las ganancias y mueve y saca cajas como en un puzle basado en la rentabilidad diaria, semanal y mensual...y bueno, también en ese que le gusta lanzar la casa por la ventana y tiene que soportar la fiesta fome de fin de año o las celebraciones de cumpleaños obligadas; en el tipo piola que tiene que contar un chiste en la oficina por las mañanas; en el gordito que tiene que hacer pausa activa; en la mamá que no puede poner fotos de sus hijos en su módulo o cambiar la silla por una más cómoda por mantener la estética; en ese que gana poco y no puede almorzar en la oficina porque al jefe le molestan los olores o en tipo klout+50 que no tiene acceso a redes sociales; ese que tiene un jefe que le tira tallas que jura graciosas y en tantos otros como yo, que deben soportar un clima organizacional totalmente distinto al propio. 

La reflexión es: ¿qué tan usted mismo puede ser en su trabajo?, pues pienso que mientras más auténtico pueda ser uno en su pega, mucho más sana es la relación que tenemos con ésta. 

3. No trabajar en algo que realmente tenga sentido de lo humano

La verdad de las cosas que son bien pocos los que hacen cosas que realmente tengan valor y sentido humano. La rentabilidad no se la lleva nadie a la tumba, no se puede comparar a educar o salvar la vida de las personas. 

La mayoría de nosotros nos desempeñamos en trabajos que no tienen ningún vínculo con el nuestras emociones, deseos o la humanidad, entendida como la naturaleza del género humano. ¿Crear un nuevo sistema informático?, ¿vender seguros?, ¿estar en el retail?, ¿en la banca?, ¿a quién le sirve eso?. No quiero ser peyorativa, pero la verdad es que hasta la señora que hace pie de limón los fines de semana puede disfrutar de la belleza de lo que produce y el placer que causa. Todos los demás estudiamos para tener estabilidad económica y trabajamos para rentabilizar la operación. Hay algunos que son secos en su pega, pero seamos honestos, no se puede confundir ser bueno en algo, que ser un aporte a la sociedad.

Ese vínculo mágico con la humanidad es inconscientemente una de las razones por las que cada día hay una pelea entre la voluntad y el alma. ¿A qué vamos al trabajo?, ¿qué nos retorna el trabajo para el alma?...chuta, en mi caso mejor me quedo callada. 

4. Lo poco que podemos disfrutar con la retribución económica del trabajo

Hay gente que gana mucho dinero y otras que ganan muy poco, ambas tienen en común una cosa: el poco tiempo y los pocos los placeres que pueden alcanzar con el dinero. Hoy como somos una sociedad aspiracional, obtenemos placer de salir a comer a cada vez mejores restaurantes y viajar al extranjero a cada vez lugares más lejanos y exóticos; como somos una sociedad capitalista, alcanzamos el placer yendo a comprar; pero si uno hiciera una lista de las cosas que hacemos para disfrutar, yo diría que es bien cortita. ¿No les parece raro que todos hagamos lo mismo?, ir al cine a ver el último estreno, salir a comprar, ir a una piscina los fines de semana, hacer asados, salir a comer, ir a algún concierto pagable, una obra de teatro poca, hacerse las uñas, salir a comprar, salir a comer (¿alguien se le ocurre otra cosa?). Se trabaja tanto y el tiempo es tan poco y la publicidad está tan bien dirigida que nos damos vuelta todos en lo mismo. Conozco súper poca gente que haga cosas distintas, no se poh, tomar clases de piano, escalar cerros, salir a acampar un fds, tomar clases de alguna manualidad, pintar, dibujar, correr, ir al gimnasio, salir de aventura con los niños...nuestros placeres están bien acotados, ya no se me ocurre qué otra cosa puede existir para alimentar el alma...¿existe eso?

5. Saber que en realidad no somos importantes para la empresa

La posición en la cadena alimenticia corporativa, los logros alcanzados y nosotros mismos en tanto trabajadores, tienen relevancia solo en el ámbito laboral; mas allá de eso somos simples seres humanos. El "éxito" se acaba cuando te despiden. Vivir sabiendo eso, causa un rencor inconsciente. En cualquier momento, todo lo que has dado, el tiempo que has dejado de estar con los que realmente importan, el significativo aporte de valor que crees ser para tu compañía, no vale de nada frente a las "necesidades de la empresa". Es un tema no menor, es como saber que mañana vas a morir. ¿Cómo se levanta uno en las mañanas sabiendo eso?, pues con sabiduría y consciencia del lugar que ocupas y lo que vales. El goce debe estar en otra parte, ponga sus fichas en eso y sea exitoso, no las ponga en lo laboral. No se tome la pega tan en serio. En la pega NADIE es indispensable. 

Dicho esto, pienso en que en verdad es difícil mirar el trabajo con ternura, pero sí con un poco mas de sabiduría. Tal vez no llegue a levantarme con la cara llena de risa, porque estas 5 cosas realmente me joden de onda. Pienso que por esa razón todos estos años he intentado ser yo misma en cada trabajo que he hecho y bueno, me ha ido bien y a veces mal. Finalmente la pega, creo, es como un matrimonio, debemos ser compatibles los dos para que funcione el motor del equilibrio y no sea una tortura, ¿o no?. 




viernes, 3 de octubre de 2014

Como se vive la crianza compartida en mi casa

Hoy leí una editorial de la intelectualmente ninguneada Alejandra Valle, donde pelaba a un conocido que deseaba ser padre a toda costa, (a pesar de su incapacidad para mantener una relación monógama). La Valle reflexionaba de todo lo que se necesita para ser papá, aparte de las ganas y de cómo debe enternderse este concepto de la "crianza compartida". Ahí, hacía una lista que me hizo click para desarrollar este volón en el cual quiero, más que rendir tributo, reconocer lo bien que mi marido hace todas aquellas cosas que antes eran de exclusiva responsabilidad de la mamá, o sea yo!. 

Cuando nació nuestro primer hijo, él y yo no sabíamos mucho de güagüas, pero recuerdo que la intuición femenina abarcaba más terreno, e incluso me atrevería a decir que tal vez esa fue la única época en que mis capacidades superaron a las suyas. Hoy, a casi 8 años años de aquel acontecimiento no puedo dejar de pensar en todo el terreno que he perdido ante su lenta, pero decidida marcha de hacer lo que se tenga que hacer en todo momento y en todo lugar para tener una vida en plenitud.

Hasta hace algunos años ambos vivíamos más cerca del trabajo, así que las labores de levantar, vestir, lavar, peinar, preparar las leches, hacer pipíes y seleccionar la combinación de colores perfecta para nuestra voluntariosa hija, eran temas de mamá. Hoy, yo debo partir de la ducha al trabajo, volando a más tardar a las 7:30 AM, así que desde hace 2 años es él quien debe descifrar en el primer sonido si mi porota despertó de buenas o de malas y tener la paciencia de conducir a nuestro hijo disperso a que concluya las tareas más básicas de la mañana. Mi marido se ha vuelto un psicólogo especialista en niños modorrientos.

Cuando nos conocimos los roles estaban mucho más claros, el cabro venía recién llegando a Santiago, estudiante, hijo de una familia tradicional, mamá cocina, papá come, así que la que cocinaba era yo y me esmeraba en hacerlo bien, para competir con mi suegra que además resultó tener una mano increíble en la cocina. Ahí me las arreglé para hacer bien los platos típicos, ya saben, cazuelas, legumbres, una que otra innovación, de manera de enrostrarle que el niño sí comía pescado y esas cosas de minas. Ajeno a nuestras rencillas, mi marido descubrió que amaba comer y que la comida es una fiesta, así que desde hace años hace la fiesta con nosotros, con nuestros amigos, con los niños empoderados de cuchillos filosos para cortar champiñones y yo, me he convertido en Sub Chef. Mi marido me fue desplazando en la cocina y ahora es como esas mujeres que declara los domingos "Día de ollas caídas", A veces, me pide con autoridad que yo cocine, porque simplemente no tiene ganas; ¿y qué hago yo?, Cocino, me toca y punto, así es convivir, ¡una danza constante!.

Me califico de medianamente buena cocinera, pero tengo un punto débil, las masas y postres, que no me van, y ¿adivinen quien tiene mano de monja en la casa?, ¿quién mezcla ingredientes en proporciones inauditas, huevos, mantequilla, colores y harina, hasta alcanzar la perfección de consistencia?, pues sí, mi marido. En casa, los queques y la torta de cumpleaños, que en la generación de su madre eran de exclusiva responsabilidad de las mujeres, ahora las hace el papá, ¿y yo?, bueno yo hago los "decores".

Mi marido baña, hace tareas, estudia matemáticas y geografía con sus hijos, los lleva de viaje con él cuando puede. Mi marido sabe consolar porrazos, dar placebos, quitar mañas, hacer moños, combinar rosado y fuccia. Mi marido sabe hacer todo lo que antes no sabía y lo ha ido haciendo porque quiere, porque le nace, porque tal vez las cosas cuando las hace él, resultan mejor.

Una vez leí que cuando el padre no participa en las labores de la casa, las hijas tienden a estudiar carreras orientadas al "servicio", justamente por que asimilan ese tipo de comportamiento en el inconsciente. ¿He perdido terreno?. No sé, tal vez sí, tal vez mis hijos no me ven como el pilar de la familia, la que es capaz de solucionar todos sus problemas. Cuando vienen llorando se abrazan también de su papá. Si yo he perdido terreno, mi marido ha ganado el suyo, pero nuestros hijos han ganado el doble, a una mamá y a un papá en equilibrio, en igualdad de condiciones frente a la vida. Una familia donde una hija puede taladrar y un hijo hacer sus famosos barcos al agua.

La crianza compartida es una realidad, una realidad que se construye de forma natural, no se impone. He visto a muchas parejas tratando de imponerse estos cambios, exigiendo al otro a costa del cansancio de llevarse por años toda la carga de la casa, pero no les resulta. Yo creo que resulta cuando 2 personas deciden avanzar hacia el equilibrio, cuando alguien mete las manos a la masa y descubre que lo hace bien y es validado por ello. Resulta cuando aprendemos a reconocer que no podemos ser buenos en todo, cuando delegamos. A estas alturas debo reconocer que haga lo que haga, mi marido en muchas cosas es mejor que yo. ¡Larga vida al rey!

En todo caso, la Valle es una bruja maldita, ¿saben cuál fue la primera cosa que se le vino a la mente cuando pensó en la crianza compartida?, "cortar uñas", ahí se le notó que la cabra sabe lo que dice, me dio risa y se de alguien que reirá conmigo de buena manera. Gracias por todo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

La reunión de apoderados, un dulce infierno

La reunión de apoderados es como el examen de la glucosa, vas porque sabes que es necesario y útil, te tomas el jarabe que no es tan malo como antes, pero raya para la suma, igual lo odias. Anoche, mientras tenía medio cachete del poto en la silla de kinder de mi hija, me puse a observar y a buscar entre la fauna de asistentes, aspectos comunes en esta relación obligada y aquí les dejo mi volón. 

1. La profesora: Generalmente todos los papás la pelan y la odian en secreto y por WhatsApp. Siempre dicen que van a reclamar por tal o cual motivo y hasta tu tienes un par de cosas que decirle, pero al final no dices nada, porque ella es...es una maestra de teflón, una diplomática, ella escribió el decálogo de buenas prácticas para la escuela donde se forman nuestros embajadores. Pareciera que los temas complicados de abordar, los abordan, pero no es así, los dejan resbalar hacia sus botas Nine West y cuando la miras bien, te sorprende ver lo sexy y empoderada que se ve, una completa bitch que termina pasándote unas láminas que bajó de Slideshare, sin sonido porque el parlante está malo, de cómo criar bien a tus hijos y que al final de la reunión te dice lo buen alumno que es, pero lo mal que se porta. Ella no está feliz con el hijo de nadie.

2. La cabrona. Aunque merece un capítulo completo, quiero ser ecuánime con las líneas. Si no es la presidenta de curso, seguro lo será. Ella creó el WhatsApp del curso, el Facebook del curso. Es la que en la mañana a las 8:00 manda mensajes informando, saludando, comentando, preguntando, respondiendo, es la que te agota la batería del smathpone a las 5 de la tarde. En la noche sube la tarea que tu hijo no anotó, la que te manda de un salto al supermercado a comprar un material que tu hijo nunca te dijo que tenía que llevar al otro día, es la que sabe la hora en que inicia y comienza todo. Generalmente trabaja en su casa, mamá del niñito más peleador, desordenado o bravucón del curso o la niñita que se cree princesa. Siempre lidera las actividades, trabaja y se queja de la falta de apoyo del resto de los padres. Tiene un séquito de amiguis apoderadas que es de temer, perteneces o no no perteneces, estás con ellas o estás en su contra.

3. La super mamá: Ella parte las frases diciendo "Mi hija(o)....dijo que. Es la que te encuentras todas las mañanas cuando vas corriendo como las locas a dejar a tus hijos, la que lleva a su ninito(o), bien peinado, con trenzas que no sabías que existían y pinches de colores que no se pueden llevar al colegio. Es la mamá que les prepara los quequitos y galletas, que lleva el quequito para la reunión de apoderados, la que siempre tiene algo que aportar de buena crianza; la que cose, la que teje, la que se sabe todos los tips y siempre opina personalizando las cosas, ella, ella es la que generalmente atrasa las reuniones.

4. El polémico: Pone el tema penca en la reunión, que las colaciones se enfrían, que los polerones y parkas se pierden, que los niños van solitos al baño y se los puede comer el cuco, que su hijo se cayó, le pegaron, lo mordieron y que ha dado instrucciones de devolver el golpe. El que pregunta qué chucha hacen en la clase de Tecnología, porqué no revisan los ejercicios del libro en clases. Es el único(a) que acusa de algo a la profesora, quien le dice cómo hacer su trabajo y dice saber cómo hacer mejor todas las cosas. Es experto en Prevención de Riesgos, abogado, pintor, escultor, docente, psicólogo, ingeniero, auditor y psicopedagogo, se las sabe todas. Generalmente es el que prende el fósforo para que el resto de las madres salten rasgando vestiduras, por alguna rencilla añeja. siempre aparece en cada reunión.

5. La agotada: Ella se queja de que las pruebas son muy seguidas, muy cortas, muy largas, la materia muy difícil, mucha materia, que hubo poco tiempo, que a los niños les mandan muchas tareas, que los niños están cansados, que hay muchas pruebas en la semana, que su hijo no entendió, que ella leyó 2 veces y tampoco entendió.

6. Los culpables: Ellos son los papás que no han pagado la cuota del curso, que no mandaron la donación para la rifa, que no han pagado la cuota del centro de padres, que no mandaron la rifa, que no colaboran y no colaborarán. En esta lista están también el papá del niñito que le pega a todos, del desordenado, del que deja la cagá en todas partes, del que tiene super malas notas. Ellos no quieren que se les nombre, ni que se toque el tema que les duele. Generalmente se salvan de todo, nunca los pillan ni los denuncian. Nadie sabe cómo se llaman, ni de quien son apoderados.

7. Los excétricos: Es el grupo de papás que tienen ideas raras y extravagantes de la vida y la educación, que donan alimentos orgánicos, que llevan de premio sorpresa una polera que dice: "adopta un callejero", que quieren que los niños aprendan a cultivar, que aumenten las horas de música y artes. Que en vez de completadas se hagan ensalatones. Ellos tienen hijos medio nerds, medio excéntricos, medio extravagantes, diferentes. Son papás que hablan y nadie escucha, que se ofrecen para hacer cosas, pero al final otro los reemplaza, porque está mas en la línea de lo que quieren las masas. Ellos se agrupan entre sí por cultura, por religión o por no tenerla. A este grupo de papás se los comen cada año los cabrones y su séquito. Nadie los aprovecha.

8. El que no aporta o los escasoaporte.com: Como yo, que a veces vamos las reuniones vestidos de cabrones, otras veces de excéntricos, otras de agotada, otras de super mamá y así, como nos pille la locomoción y la memoria. Somos ese grupo de papás que se caga de la risa de todo, que cree que todo anda como las weas u otras veces super bien. Que colaboramos cuando podemos y cuando queremos. Que pagamos un día antes de que no se pueda ir al paseo de curso, que no le vendemos la rifa al compañero de pega, sino que la compramos nosotros, los que asumimos todo, por flojos. Aparecemos justo cuando más nos necesitan, porque nunca nos organizamos, pero no dejamos que las cosas se caigan, aunque seamos poco confiables. Somos ese grupo de papás que hay que pillarlos volando bajo para que hagan algo. Los impacientes, los que en las reuniones queremos irnos luego para la casa, que nos gustaría a veces ser presidente de curso,pero luego nos da lata.

Al final, en la reunión de apoderados todos nos mezclamos hasta llegar al equilibrio, díganme si en su curso estos perfiles no existen, ojalá que si pertenece a alguno de estos grupos se caguen de la risa, porque al final, todos somos necesarios.

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