martes, 6 de mayo de 2014

Capítulo 1: Los 4 padres de una única hija - Parte I

Mi padre había nacido en el seno de una familia tradicional proveniente de Concepción y arraigada en Temuco a fines de la década de los 20's. Nació en un Chile completamente vulnerable en lo social, que comenzaba a sufrir los efectos de abrirse a la economía internacional. Nació en un contexto donde la anarquía política llevaba a las familias bien constituidas e ignorantes a adorar ideas racistas y de derecha. De madre estricta al nivel de la crueldad y padre trabajador, proveedor y ajeno; perteneció a una familia ejemplo para la iglesia católica. Tuvo una situación económica privilegiada y llegó a este mundo cuando la economía chilena comenzaba a recuperarse de la crisis del '29. Carlos fue el segundo hijo menor, pues tenía mellizo y un hermano mayor. La universidad no era pilar del desarrollo social en ese momento; pero la buena caligrafía sí, eso daba acceso al servicio público, así como la disciplina y la moralidad abrían las puertas de las fuerzas armadas, sendas posiciones de poder, validadas por un estado militarista y patriarcal, donde saber leer y escribir o portar un uniforme perpetuaban la supremacía sobre las castas inferiores. Hombre de costumbres formadas en un ambiente de cariño y moral disfuncional, tuvo licencia para hacer lo que quiso. Mi padre nunca se casó y nunca tuvo hijos. Alcanzó a vivir 72 años, antes de morir de manera sorpresiva en agosto del 2006, a unos días de cumplir los 73 años. Durante su vida conoció a muchos presidentes; pero simpatizó con Pinochet a quien consideraba un salvador del Marxismo - Leninismo; de Derechos Humanos, ni hablar, lo evidente fue invisible a sus pequeños y redondos ojos. Una displasia en la cadera infantil lo hizo un adulto cojo; no pudo dedicarse a los deportes como profesional, pero eso no le impidió vivir años en el gimnasio y haber practicado y dirigido varios clubes de basquetball. Su cojera le impidió seguir una carrera militar en la aviación, aunque igual ingresó a la academia. Creo que su máxima frustración fue no haber tenido una hija.
Se jactaba de ser un gran lector y lo que tuvo fue una gran biblioteca; pienso que en eso me parezco a él, de no haber aprendido nada de la lectura. Fue fundador de museos, de clubes de tango, un optimista y alegre viejo cojo y pelado, malo para el truco, bebedor y vividor, desaseado, deslenguado, desubicado y como yo, un mal escritor.

Mi madre fue hija de un administrador de estancias en la Patagonia de Aysén, una tierra de historia casi
desconocida, donde los colonos se instalaron abriendo fuego al territorio para obtener las 120 has que entregaba el gobierno a cada familia a cambio de ampliar el territorio; ésto, en base a la equivocada política de la Caja de Colonización de la época de los 20's. Mi madre nació desde donde huyeron los indígenas del fuego, a morir a la otra Patagonia, la de Punta Arenas, allí donde posteriormente fueron exterminados desde las orejas hasta la cultura. En la década de los 50´s ya habían en Aysén grandes estancieros viviendo entre Chile y Argentina; donde ella creció en el devenir de las invernadas y veranadas de ganado ovino y vacuno. Vivió sus primeros años recorriendo múltiples localidades de la Región, en el seno de una familia grande y estructurada, que no pasó hambre extrema a pesar de los rigores del tiempo, eran empleados acomodados en una casa extremadamente higiénica y conservadora. Un núcleo cerrado por la nieve y el mal tiempo. Mi madre fue hija de los insufribles caminos, de los interminables inviernos, del rigor y de sus enfermedades. Mi madre tuvo una madre pulcra, ejemplar y estoica, un padre quieto y casual; nació y creció en un mundo pequeño, hostil y machista. Ella fue la niña mayor, tuvo 2 hermanos varones y 2 hermanas; todos aprendieron a limpiar, las labores de la pampa patagónica, moraron paisajes que no tengo palabras para describir, aprendieron a esquilar, a tejer y a bordar. El colegio lo terminaban los valientes y los que lograban obtener los zapatos, los abrigos y la movilización necesarias para asistir; ella no lo logró, sus impedimentos imaginarios o no, la hicieron débil ante la crueldad de la educación rural y de los internados. A los 20 años ya lo había perdido todo en un incendio, no había terminado el colegio, ya sus padres habían intentado cubrir la deshonra de la familia, arrebatándole su primera hija, ya tenía una segunda en brazos y prontamente me tendría a mi para coronar su desarraigada figura.
Yo fui la hija apartada, la que se robó su genio y figura. Me quedé a propósito con su cara, sus manos, su cuello corto, su lunar en la barbilla. Me quedé con sus ojos negros y brillantes, con su tono de voz. Les dejé tan poco a mis hermanos y desarrollé de forma inexplicable el gusto por la limpieza, la severidad y el acento en las palabras de una madre que nunca oí.

Mis padres sólo tuvieron en común sus ideas de derecha, alguna cercanía hacia un Dios castrador y el haber estado al mismo tiempo y en el mismo lugar en Coyhaique. Mis padres sólo tuvieron en común unas cuantas noches, unas cuantas palabras sin mucho afecto y trasfondo. Ambos se despreciaron desde su herencia cultural, desde su precario entendimiento de la moral y el amor. Yo fui la tercera hija sin padre de mi madre; el segundo hijo sin padre de mi padre.

Continuará

3 comentarios:

Unknown dijo...

Hermana, HERMANA... a pesar de lo diferentes que somos y no solo en lo fisico, debo decir que tuve que aprender a conocer a una persona que un dia toco mi puerta y me dijo "soy tu hermana" y la quiero!... Y , lamento que no hallas llegado antes, pero igual Te QUIERO...
Me encanto tu especial forma de relatar lo que te toco vivir y agradezco que a pesar de todo eso seas una buena hermana y sobre todo buena hija.
FELIZ CUMPLEANOS... te QUIERO!

Unknown dijo...

Gjsid

Unknown dijo...

Es como la cuarta vez que quiero cometar, pero la tecnologia me la gana.. Me encanto tu historia y lo mejor que eres una mujer maravillosa, una mama maravillosa y una compañera maravillosa.. Feliz cumple

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