
Han de saber que mi infancia no fue fácil, tanto así que algunos han creado incluso un mito sobre una tal mujer resiliente, con la cual no suelo identificarme, pero que con los años y la evolución de la psicología moderna, he tenido que de alguna manera considerar y aceptar. Hace unos días, sin embargo, mirando las fotos de amigos de la infancia, como por arte de terapia hipnótica, comenzaron a aparecer algunos recuerdos que dan cuenta del oscuro pasado de mi generación. La historia no contada de niños y niñas maltratados y abusados física y psicológicamente a vista y paciencia de una sociedad donde este tipo de comportamientos estaba tan aceptado, que hasta cerraron filas frente al tema, por medio de la tradición popular: "los trapos sucios se lavan en casa", en clara alusión a que ningún tormento podía traspasar la puerta de calle.
El paisaje de mi barrio, visto hoy, va a sonar terrible, pero a los ojos de una niña de 5, 8, ó 10 años, era habitual. Saber que en medio había un abusador de menores que manoseaba a sus propias hijas y a las hijas de los vecinos, era solo una mancha en el paisaje, en otra esfera era considerado un padre ejemplar, incluso yo lo quise para mi, salvo cuando me ponía a pensar quién sería yo en el reino que había creado, donde una de sus hijas era criada como princesa y la otra como obrera.
Unos pasos más allá estaban los hermanitos hijos de un padre extremadamente violento, pero de buen pasar y si giro la memoria estaba el otro tipo de maltrato, el machismo exacervado por la propia madre agredida, que obligaba a su hija a ser la sirvienta de 2 pelafustanes, uno maltratador y el otro abusivo. Unas casas más allá la historia no era mejor, media decena de niños y niñas luchaban para pasar el mes en medio de una familia escandalosa, adicta y agresiva, niñas que no deben haber superado los 16 años antes de que fueran abusadas o terminaran casándose con alguno del mismo clan.
Pasé 13 años en el mismo colegio y recuerdo que alguna vez tuve la valentía de hablar con la directora, una monja aprendiz de Darth Vader, sobre lo que yo vivía, pero fiel a mi poco apego y entendimiento de los protocolos sociales, terminé siendo mil veces más agredida cuando fui llevada por ella ante mis padres y acusada de "inventar" la realidad, humillada por haber "avergonzado" a mis propios padres, avergonzada por no entender que esas cosas "no se cuentan"...así, puedo imaginar y entender porque tantos niños de esa época acallaron y siguen callando y negando sus padecimientos. Incluso hay puertas que nunca me atreví a tocar, pero intuitivamente todos sabíamos que algo olía mal detrás de la cortina.
Prácticamente no veo a nadie en la sala que no haya vivido experiencias similares, está la niña que cargó sobre su espalda a sus hermanos hasta que éstos fueron más grandes que ella misma, que vivió a puertas cerradas cuantas cosas que nunca sabremos; la niña que fue arrancada del colegio y de la cual nunca más volvimos a saber; el niño que empezó a trabajar para su padre, un lanchero alcohólico y que finalmente murió ahogado en el río una mañana del eterno invierno de Aysén, la niña de buena familia que siempre fue menoscabada frente a su hermano, un odioso gordinflón sabelotodo, que creció creyendo que era lo mejor que le ha pasado a este universo, mientras su hermana, creció creyendo justamente lo contrario...al final ninguno de los dos ha podido sostener una relación afectiva normal, uno por estar demasiado endiosado, el otro porque se crió pensando que era un perdedor.
Está la niña que cargó con vergüenza su condición de abandono, para transformarse en la esclava de una mujer avara y manipuladora, escondida tras la piel de buena samaritana. Las hijas de un padre que hizo cargar a su familia con el estigma del suicidio, criadas por una madre de mediana lucidez, que vivieron el maltrato en medio de la arteria principal.
El niño bien del barrio, ese que se crió sabiendo desde chico todo lo que se esperaba de él, que aprendió con buen ejemplo, sobre los rigores del trabajo y del esfuerzo para alcanzar el progreso, al que nunca le faltó nada, pero ¿no es maltrato acaso que nunca haya sido aceptado tal cual era, sino como su familia ejemplar quería que fuera?, pues hasta que ambas representaciones se fusionaran en la madurez, tuvo que atravesar en su adolescencia por profundas depresiones, alcoholismo, drogadicción, soledad y encierro.
Si cuento los pupitres de mi sala no alcanzo, con los dedos de la mano a encontrar niños que hayan tenido una infancia como la que se propugna en la carta de los derechos del niño.
Por eso no me identifico con el concepto de resiliencia, porque la vida se nos fue dada para vivirla, como un matrimonio, en las buenas y en las malas, no había elección y porque salvo un par de decisiones conscientemente tomadas, era tal mi ignorancia, que no puedo decir que haya "salido" de ninguna parte. Es más yo creo que nadie ha salido, todos estamos anclados ahí todavía, unos más o menos. En ese sentido, puedo decir que muy pocos niños de mi generación no fueron resilientes. Pertenezco a una generación agredida y esa es la realidad, pertenezco a una generación de niños que jugaron juntos y que hicieron vista gorda a sus padecimientos, ¿cómo puedo ser un ejemplo yo?, si cada uno de ellos también cambió su destino...ante ese escenario, ahora entenderán que yo no fui una excepción, solo una más de tantos otros que ahora suben fotos a facebook con sus caritas llenas de risa, pasando sus vacaciones en la playa, yéndose de viaje a países exóticos, con hijos preciosos que jamás vivirán lo que ellos han vivido, porque esa generación aprendió con sangre una cosa: a no repetir la historia de sus padres.
Sólo me resta agregar una cosa, sobre la generación anterior a la nuestra...conversando con un compañero de trabajo que podría ser mi padre, casado con la hija de un alto funcionario del ejército del "Régimen Militar", me contó un día lo difícil que fueron sus primeros años de matrimonio, porque su mujer no tenía intimidad normal, hasta que un día él puso un parelé al rechazo habitual, así su mujer tuvo que desnudar su verdad, había sido abusada por el mejor amigo de su padre...otro tipo de altas charreteras, esa noche entendió y sufrió junto a su esposa, pero con los años, tuvo que testimoniar también, lo que todas las amigas de su esposa ocultaban, que pertenecían a la generación de las niñitas bien, abusadas sexualmente por los amigos militares de sus padres...
¿Chile no es acaso un país de tradición abusiva, actualmente lleno de resilientes?
Por favor, les recuerdo que esta historia se basa en los recuerdos de una niña, no quiero herir a nadie y que nadie se sienta ofendido...aquí no hay nombres y todo puede ser una ficción.
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