Hace unos días estaba recordando a una amiga y de pronto tuve esa sensación de mierda, como un cortocircuito, mezcla de vergüenza, asco y desagrado, cuando vinieron a mi mente algunos pasajes de nuestra vida en común, de los cuales me avergüenzo y que pese a los años aún no puedo eliminar de mi disco duro. Son aquellos cagazos, condoros y horrores de la vida, que uno trata de esconder en el subconsciente, como cuando te recuerdas vestida de princesa, vomitando en el baño, haciendo el tony con un mino o llorando por un pelafustán y uf, tantas otras barbaridades de las cuales voy a hablar en mi blog terapéutico, (haber si las dejo ir). Aquí les dejo "mis vergüenzas".
El beso del terror
Una de las primeras horripilancias que recuerdo fue un día de sol (o al menos no de lluvia), en el pueblo. A unas cuadras de nuestro teatro de operaciones, vivía un tipo con deficiencia mental, a esas alturas debe haber tenido unos 25 años (estimo)...él siempre andaba en medio del gentío y generalmente todos se burlaba de él o le tiraban piedras. Ante tanta crueldad de adultos y niños, un día quise dármelas de buena samaritana y dar el ejemplo entre mis pares. Les pedí que dejaran de tratarlo mal, que pese a su deficiencia mental era un ser humano, que entendía y había que ser bueno, bla, bla, bla...así fue como me acerqué demasiado a él como para hacerle cariño y clash!, de un tirón me agarró y me plantó un beso en la boca, con su bocaza babienta y abierta de par en par, que aún me causa asco y retorcijones y así fue como me transformé en el hazme reír del barrio.
Siguiendo con historias de besos, recuerdo el vergonzoso capítulo de mi primer beso...que aunque no lo crean, a mi me da "escalofríos", porque suele ser parte del baúl de los recuerdos lindos, pero en este caso...nop. Yo tenía 14 y él 17. Me pidió pololeo, no se si antes o después, la cosa es que fuimos a su casa, donde estábamos solos y por más de media hora trató de darme vuelta la cara para poder darme el beso de coronación de nuestra relación, hasta que finalmente no me quedó más que relajar la vena y ahí vino el "langüetazo de vaca", ese que me dejó hasta las pestañas con baba...era una cosa sin sentido y no es que yo fuera una experta, pero cuando la cosa no va por ahí, se nota...¿o no?, pero lo peor estaba por venir...su santa madre entró sin que nos diéramos cuenta y ahí mismo me habló de la diferencia entre las niñitas decentes "y las otras", esas que se van a meter a la casa de niñitos solos...osea...gracias!, ¡porque no volví nunca más! güacala!
Tierra fértil para la fantasía
No puedo negar que tuve una mentalidad fantasiosa, pero a veces me pasé de la raya...como cuando dije que tenía un tesoro escondido en mi casa o cuando dí jugo como a los 8 años contándoles a mis amigas que tenía un pololo secreto que se llamaba Path Garret Junior!, ¡oh, mi good!, (es que en esa época el gobierno militar nos mandaba muchas de vaqueros) y eso sumado a una mentalidad fantasiosa y novelesca, uf!.
De estas novelas recuerdo el capítulo más vergonzoso...mi papá tenía un hermano que se había ido a vivir a la república hermana y cuando volvió a Chile trató de convencerlo de que se fueran juntos...a mi sólo me bastó escuchar eso, para empezar a despedirme del barrio, de los profesores del colegio, de la directora, de mis compañeros y arreglar mi maleta en diciembre...cuando tuve que volver el año siguiente a clases, anduve meses escondiéndome para que no se rieran de mi...
Cierra la bocota
Ya más grande, me embarqué rumbo a Puerto Montt a conocer a la familia de mi papá. Trágicamente, la misma noche que "El Colono" levó ancla, partió el papá de mi papá al otro mundo, después de salir de su casa rumbo a la dimensión desconocida que tenía en su mente con alzheimer. Cuando yo arribé a la ciudad, él ya estaba en su ataúd, así fue como lo conocí, tieso. Yo, que no sabía nada de esa familia, los veía a todos llorar y me vino el cortocircuito, porque mi papá sólo me habló de los brutales castigos que otorgaba el finado a sus 10 hijos, como aventarlos contra los árboles y azotes de diversa categoría, entre otros castigos ejemplificadores. No me quedó mas que decir lo extrañada que estaba por tanta pena, frente un hombre tan violento y maltradador. Recuerdo 8 caras girando al unísono, con sus respectivas elecciones maritales y descendencia en común y a mi misma hundirme en el pánico, cuando alguien dijo "mi padre jamás nos golpeó"...no puedo olvidar ese tamaño condoro, pero hasta aquí llego, porque el resto de la semana que pasé con ellos, fue del terror.
Los de cocida, tienen trama conocida
Cagazos de cocida tengo montones, como la patética perfomance frente a un tipo que me gustaba en la universidad, ese que me miró y cachó altiro que estaba cagada de la cabeza y me dejó como "Carrie" después de la fiesta macabra, después del balde de sangre...me sentí igual que Sisi Spaceck, pero sin sus poderes. En otras ocasiones, hice el ridículo, me caí, vomité, hablé webadas, llamé al ex, y un sin fin de lugares comunes. Testigos hay muchos, pero que se callen, por favor, recuerden que esto me da "vergüenza"
Yo no se si "mis vergüenzas", son más o menos terribles que las de otros, tampoco sé porque porque cresta me siguen dando pavor, incluso mientras las escribía! y ahora que estoy terminando de dar la lata, pienso que tengo muchas, muchas, muchas!....incluso vergüenza de contar mis vergüenzas, ajajaja. Ya me voy, me puse colorada. Hasta la próxima!

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