¿Te gusta tu pega?, piénsalo bien...¿te gusta, la odias o odias lo que tu eres en tu pega?.
Mucha de la gente que conozco reconoce que no le gusta lo que hace, pero no le queda más remedio porque eso es lo que paga las vacaciones en Punta Cana y en Punta Picana.
Hace un tiempo me propuse dejar de quejarme de mi trabajo y comenzar a mirarlo con ternura, algo así como reconciliarme con la oficina; al fin y al cabo, tengo seguro de salud, teléfono, un salario seguro todos los meses, aire acondicionado en verano y calefacción en invierno...vivo en el olimpo! y aún así todas las mañanas se desata un gallito entre mi voluntad y mi yo, ¿quién convence a quien para levantarse?. Mi voluntad termina ganando cuando le dice a mi ego, "¿oye, en qué quedamos?, hiciste un compromiso de levantarte todos los días con la cara llena de risa ¿y ahora ya empezamos de nuevo con la misma cantinela?" y bueno, la culpa ustedes saben que es como un balde de agua fría, hace que uno salte de la cama como resorte hacia la rutina.
Me pregunto ¿por qué nos cuesta tanto ir a trabajar?, a fin de mes igual disfrutamos de una u otra manera lo que podemos hacer con el sueldo y bueno, aquí les va mi volón.
1. ¿El problema son los colegas que hacen mal la pega o somos nosotros?
El metro es como una consulta psicológica o un vagón psiquiátrico; por alguna razón todo el mundo lo usa de salita de terapias para sacar las frustraciones de la jornada laboral. Es un océano de relatos, cahuines y pelambres laborales. Estoy segura de que si pusiera una grabadora todos los días, podría escribir un libro titulado "El perfil del trabajador chileno". Les pongo la típica conversación a las 8:00 o si prefieren a las 18:45: 2 o más colegas frente a frente, uno contando lo que le pasó ese día, (un pelambre contra un colega), contando lo mal que el otro hizo la pega, los pasos que uno siguió, lo bien que lo hicimos, lo mucho que merecemos reconocimiento y la inexplicable razón por la cual el colega que hace mal la pega, aún sigue ahí y más encima gana mas que uno. Es cosa de escuchar las conversaciones, son todas iguales. Ese vagón lleva lo más granado de nuestra idiosincracia y la mamonería que nos precede. Vemos el trabajo con los ojos de las madres de hace 200 años. En la pega mostramos la hilacha, eso que aprendimos en la casa; una casa donde la mamá se mete en todo lo que hace el cabro chico, donde inconscientemente la buena crianza se malentiende en hacer niños centrados profunda e irreparablemente en ellos mismos, donde aprendemos desde chiquititos que todo lo demás está mal hecho, donde el niño ve y escucha a la mamá y al papá criticar a la vecina y a las amigas sobre cómo éstas crían a sus hijos. En el trabajo somos una fotocopia de esa sociedad proteccionista y temerosa del otro. No por nada los franceses nos critican los métodos de crianza y los ingleses y los suecos y bueno, todo el mundo. En la pega nos cuesta el trabajo colaborativo, el jefe se cree bacán y el guardia de seguridad también. Finalmente la reflexión es ¿son los colegas los que nos hacen la pega un infierno o somos nosotros que no sabemos cómo tener una mirada más amplia y empática sobre el entorno?
2. La distancia entre nosotros y la cultura corporativa
Por supuesto, en una sociedad donde las personas están centradas en ellas mismas, mientras más distancia exista entre la cultura corporativa y la cultura individual, mas insostenible es soportar el trabajo.
Pienso en mi amigo marxista que dice cuanto odia a su jefe cuando calcula matemáticamente las ganancias y mueve y saca cajas como en un puzle basado en la rentabilidad diaria, semanal y mensual...y bueno, también en ese que le gusta lanzar la casa por la ventana y tiene que soportar la fiesta fome de fin de año o las celebraciones de cumpleaños obligadas; en el tipo piola que tiene que contar un chiste en la oficina por las mañanas; en el gordito que tiene que hacer pausa activa; en la mamá que no puede poner fotos de sus hijos en su módulo o cambiar la silla por una más cómoda por mantener la estética; en ese que gana poco y no puede almorzar en la oficina porque al jefe le molestan los olores o en tipo klout+50 que no tiene acceso a redes sociales; ese que tiene un jefe que le tira tallas que jura graciosas y en tantos otros como yo, que deben soportar un clima organizacional totalmente distinto al propio.
La reflexión es: ¿qué tan usted mismo puede ser en su trabajo?, pues pienso que mientras más auténtico pueda ser uno en su pega, mucho más sana es la relación que tenemos con ésta.
3. No trabajar en algo que realmente tenga sentido de lo humano
La verdad de las cosas que son bien pocos los que hacen cosas que realmente tengan valor y sentido humano. La rentabilidad no se la lleva nadie a la tumba, no se puede comparar a educar o salvar la vida de las personas.
La mayoría de nosotros nos desempeñamos en trabajos que no tienen ningún vínculo con el nuestras emociones, deseos o la humanidad, entendida como la naturaleza del género humano. ¿Crear un nuevo sistema informático?, ¿vender seguros?, ¿estar en el retail?, ¿en la banca?, ¿a quién le sirve eso?. No quiero ser peyorativa, pero la verdad es que hasta la señora que hace pie de limón los fines de semana puede disfrutar de la belleza de lo que produce y el placer que causa. Todos los demás estudiamos para tener estabilidad económica y trabajamos para rentabilizar la operación. Hay algunos que son secos en su pega, pero seamos honestos, no se puede confundir ser bueno en algo, que ser un aporte a la sociedad.
Ese vínculo mágico con la humanidad es inconscientemente una de las razones por las que cada día hay una pelea entre la voluntad y el alma. ¿A qué vamos al trabajo?, ¿qué nos retorna el trabajo para el alma?...chuta, en mi caso mejor me quedo callada.
4. Lo poco que podemos disfrutar con la retribución económica del trabajo
Hay gente que gana mucho dinero y otras que ganan muy poco, ambas tienen en común una cosa: el poco tiempo y los pocos los placeres que pueden alcanzar con el dinero. Hoy como somos una sociedad aspiracional, obtenemos placer de salir a comer a cada vez mejores restaurantes y viajar al extranjero a cada vez lugares más lejanos y exóticos; como somos una sociedad capitalista, alcanzamos el placer yendo a comprar; pero si uno hiciera una lista de las cosas que hacemos para disfrutar, yo diría que es bien cortita. ¿No les parece raro que todos hagamos lo mismo?, ir al cine a ver el último estreno, salir a comprar, ir a una piscina los fines de semana, hacer asados, salir a comer, ir a algún concierto pagable, una obra de teatro poca, hacerse las uñas, salir a comprar, salir a comer (¿alguien se le ocurre otra cosa?). Se trabaja tanto y el tiempo es tan poco y la publicidad está tan bien dirigida que nos damos vuelta todos en lo mismo. Conozco súper poca gente que haga cosas distintas, no se poh, tomar clases de piano, escalar cerros, salir a acampar un fds, tomar clases de alguna manualidad, pintar, dibujar, correr, ir al gimnasio, salir de aventura con los niños...nuestros placeres están bien acotados, ya no se me ocurre qué otra cosa puede existir para alimentar el alma...¿existe eso?
5. Saber que en realidad no somos importantes para la empresa
La posición en la cadena alimenticia corporativa, los logros alcanzados y nosotros mismos en tanto trabajadores, tienen relevancia solo en el ámbito laboral; mas allá de eso somos simples seres humanos. El "éxito" se acaba cuando te despiden. Vivir sabiendo eso, causa un rencor inconsciente. En cualquier momento, todo lo que has dado, el tiempo que has dejado de estar con los que realmente importan, el significativo aporte de valor que crees ser para tu compañía, no vale de nada frente a las "necesidades de la empresa". Es un tema no menor, es como saber que mañana vas a morir. ¿Cómo se levanta uno en las mañanas sabiendo eso?, pues con sabiduría y consciencia del lugar que ocupas y lo que vales. El goce debe estar en otra parte, ponga sus fichas en eso y sea exitoso, no las ponga en lo laboral. No se tome la pega tan en serio. En la pega NADIE es indispensable.
Dicho esto, pienso en que en verdad es difícil mirar el trabajo con ternura, pero sí con un poco mas de sabiduría. Tal vez no llegue a levantarme con la cara llena de risa, porque estas 5 cosas realmente me joden de onda. Pienso que por esa razón todos estos años he intentado ser yo misma en cada trabajo que he hecho y bueno, me ha ido bien y a veces mal. Finalmente la pega, creo, es como un matrimonio, debemos ser compatibles los dos para que funcione el motor del equilibrio y no sea una tortura, ¿o no?.
viernes, 13 de febrero de 2015
viernes, 3 de octubre de 2014
Como se vive la crianza compartida en mi casa
Hoy leí una editorial de la intelectualmente ninguneada Alejandra Valle, donde pelaba a un conocido que deseaba ser padre a toda costa, (a pesar de su incapacidad para mantener una relación monógama). La Valle reflexionaba de todo lo que se necesita para ser papá, aparte de las ganas y de cómo debe enternderse este concepto de la "crianza compartida". Ahí, hacía una lista que me hizo click para desarrollar este volón en el cual quiero, más que rendir tributo, reconocer lo bien que mi marido hace todas aquellas cosas que antes eran de exclusiva responsabilidad de la mamá, o sea yo!.
Cuando nació nuestro primer hijo, él y yo no sabíamos mucho de güagüas, pero recuerdo que la intuición femenina abarcaba más terreno, e incluso me atrevería a decir que tal vez esa fue la única época en que mis capacidades superaron a las suyas. Hoy, a casi 8 años años de aquel acontecimiento no puedo dejar de pensar en todo el terreno que he perdido ante su lenta, pero decidida marcha de hacer lo que se tenga que hacer en todo momento y en todo lugar para tener una vida en plenitud.
Hasta hace algunos años ambos vivíamos más cerca del trabajo, así que las labores de levantar, vestir, lavar, peinar, preparar las leches, hacer pipíes y seleccionar la combinación de colores perfecta para nuestra voluntariosa hija, eran temas de mamá. Hoy, yo debo partir de la ducha al trabajo, volando a más tardar a las 7:30 AM, así que desde hace 2 años es él quien debe descifrar en el primer sonido si mi porota despertó de buenas o de malas y tener la paciencia de conducir a nuestro hijo disperso a que concluya las tareas más básicas de la mañana. Mi marido se ha vuelto un psicólogo especialista en niños modorrientos.
Cuando nos conocimos los roles estaban mucho más claros, el cabro venía recién llegando a Santiago, estudiante, hijo de una familia tradicional, mamá cocina, papá come, así que la que cocinaba era yo y me esmeraba en hacerlo bien, para competir con mi suegra que además resultó tener una mano increíble en la cocina. Ahí me las arreglé para hacer bien los platos típicos, ya saben, cazuelas, legumbres, una que otra innovación, de manera de enrostrarle que el niño sí comía pescado y esas cosas de minas. Ajeno a nuestras rencillas, mi marido descubrió que amaba comer y que la comida es una fiesta, así que desde hace años hace la fiesta con nosotros, con nuestros amigos, con los niños empoderados de cuchillos filosos para cortar champiñones y yo, me he convertido en Sub Chef. Mi marido me fue desplazando en la cocina y ahora es como esas mujeres que declara los domingos "Día de ollas caídas", A veces, me pide con autoridad que yo cocine, porque simplemente no tiene ganas; ¿y qué hago yo?, Cocino, me toca y punto, así es convivir, ¡una danza constante!.
Me califico de medianamente buena cocinera, pero tengo un punto débil, las masas y postres, que no me van, y ¿adivinen quien tiene mano de monja en la casa?, ¿quién mezcla ingredientes en proporciones inauditas, huevos, mantequilla, colores y harina, hasta alcanzar la perfección de consistencia?, pues sí, mi marido. En casa, los queques y la torta de cumpleaños, que en la generación de su madre eran de exclusiva responsabilidad de las mujeres, ahora las hace el papá, ¿y yo?, bueno yo hago los "decores".
Mi marido baña, hace tareas, estudia matemáticas y geografía con sus hijos, los lleva de viaje con él cuando puede. Mi marido sabe consolar porrazos, dar placebos, quitar mañas, hacer moños, combinar rosado y fuccia. Mi marido sabe hacer todo lo que antes no sabía y lo ha ido haciendo porque quiere, porque le nace, porque tal vez las cosas cuando las hace él, resultan mejor.
Una vez leí que cuando el padre no participa en las labores de la casa, las hijas tienden a estudiar carreras orientadas al "servicio", justamente por que asimilan ese tipo de comportamiento en el inconsciente. ¿He perdido terreno?. No sé, tal vez sí, tal vez mis hijos no me ven como el pilar de la familia, la que es capaz de solucionar todos sus problemas. Cuando vienen llorando se abrazan también de su papá. Si yo he perdido terreno, mi marido ha ganado el suyo, pero nuestros hijos han ganado el doble, a una mamá y a un papá en equilibrio, en igualdad de condiciones frente a la vida. Una familia donde una hija puede taladrar y un hijo hacer sus famosos barcos al agua.
La crianza compartida es una realidad, una realidad que se construye de forma natural, no se impone. He visto a muchas parejas tratando de imponerse estos cambios, exigiendo al otro a costa del cansancio de llevarse por años toda la carga de la casa, pero no les resulta. Yo creo que resulta cuando 2 personas deciden avanzar hacia el equilibrio, cuando alguien mete las manos a la masa y descubre que lo hace bien y es validado por ello. Resulta cuando aprendemos a reconocer que no podemos ser buenos en todo, cuando delegamos. A estas alturas debo reconocer que haga lo que haga, mi marido en muchas cosas es mejor que yo. ¡Larga vida al rey!
En todo caso, la Valle es una bruja maldita, ¿saben cuál fue la primera cosa que se le vino a la mente cuando pensó en la crianza compartida?, "cortar uñas", ahí se le notó que la cabra sabe lo que dice, me dio risa y se de alguien que reirá conmigo de buena manera. Gracias por todo.
Cuando nació nuestro primer hijo, él y yo no sabíamos mucho de güagüas, pero recuerdo que la intuición femenina abarcaba más terreno, e incluso me atrevería a decir que tal vez esa fue la única época en que mis capacidades superaron a las suyas. Hoy, a casi 8 años años de aquel acontecimiento no puedo dejar de pensar en todo el terreno que he perdido ante su lenta, pero decidida marcha de hacer lo que se tenga que hacer en todo momento y en todo lugar para tener una vida en plenitud.
Hasta hace algunos años ambos vivíamos más cerca del trabajo, así que las labores de levantar, vestir, lavar, peinar, preparar las leches, hacer pipíes y seleccionar la combinación de colores perfecta para nuestra voluntariosa hija, eran temas de mamá. Hoy, yo debo partir de la ducha al trabajo, volando a más tardar a las 7:30 AM, así que desde hace 2 años es él quien debe descifrar en el primer sonido si mi porota despertó de buenas o de malas y tener la paciencia de conducir a nuestro hijo disperso a que concluya las tareas más básicas de la mañana. Mi marido se ha vuelto un psicólogo especialista en niños modorrientos.
Cuando nos conocimos los roles estaban mucho más claros, el cabro venía recién llegando a Santiago, estudiante, hijo de una familia tradicional, mamá cocina, papá come, así que la que cocinaba era yo y me esmeraba en hacerlo bien, para competir con mi suegra que además resultó tener una mano increíble en la cocina. Ahí me las arreglé para hacer bien los platos típicos, ya saben, cazuelas, legumbres, una que otra innovación, de manera de enrostrarle que el niño sí comía pescado y esas cosas de minas. Ajeno a nuestras rencillas, mi marido descubrió que amaba comer y que la comida es una fiesta, así que desde hace años hace la fiesta con nosotros, con nuestros amigos, con los niños empoderados de cuchillos filosos para cortar champiñones y yo, me he convertido en Sub Chef. Mi marido me fue desplazando en la cocina y ahora es como esas mujeres que declara los domingos "Día de ollas caídas", A veces, me pide con autoridad que yo cocine, porque simplemente no tiene ganas; ¿y qué hago yo?, Cocino, me toca y punto, así es convivir, ¡una danza constante!.
Me califico de medianamente buena cocinera, pero tengo un punto débil, las masas y postres, que no me van, y ¿adivinen quien tiene mano de monja en la casa?, ¿quién mezcla ingredientes en proporciones inauditas, huevos, mantequilla, colores y harina, hasta alcanzar la perfección de consistencia?, pues sí, mi marido. En casa, los queques y la torta de cumpleaños, que en la generación de su madre eran de exclusiva responsabilidad de las mujeres, ahora las hace el papá, ¿y yo?, bueno yo hago los "decores".
Mi marido baña, hace tareas, estudia matemáticas y geografía con sus hijos, los lleva de viaje con él cuando puede. Mi marido sabe consolar porrazos, dar placebos, quitar mañas, hacer moños, combinar rosado y fuccia. Mi marido sabe hacer todo lo que antes no sabía y lo ha ido haciendo porque quiere, porque le nace, porque tal vez las cosas cuando las hace él, resultan mejor.
Una vez leí que cuando el padre no participa en las labores de la casa, las hijas tienden a estudiar carreras orientadas al "servicio", justamente por que asimilan ese tipo de comportamiento en el inconsciente. ¿He perdido terreno?. No sé, tal vez sí, tal vez mis hijos no me ven como el pilar de la familia, la que es capaz de solucionar todos sus problemas. Cuando vienen llorando se abrazan también de su papá. Si yo he perdido terreno, mi marido ha ganado el suyo, pero nuestros hijos han ganado el doble, a una mamá y a un papá en equilibrio, en igualdad de condiciones frente a la vida. Una familia donde una hija puede taladrar y un hijo hacer sus famosos barcos al agua.
La crianza compartida es una realidad, una realidad que se construye de forma natural, no se impone. He visto a muchas parejas tratando de imponerse estos cambios, exigiendo al otro a costa del cansancio de llevarse por años toda la carga de la casa, pero no les resulta. Yo creo que resulta cuando 2 personas deciden avanzar hacia el equilibrio, cuando alguien mete las manos a la masa y descubre que lo hace bien y es validado por ello. Resulta cuando aprendemos a reconocer que no podemos ser buenos en todo, cuando delegamos. A estas alturas debo reconocer que haga lo que haga, mi marido en muchas cosas es mejor que yo. ¡Larga vida al rey!
En todo caso, la Valle es una bruja maldita, ¿saben cuál fue la primera cosa que se le vino a la mente cuando pensó en la crianza compartida?, "cortar uñas", ahí se le notó que la cabra sabe lo que dice, me dio risa y se de alguien que reirá conmigo de buena manera. Gracias por todo.
miércoles, 6 de agosto de 2014
La reunión de apoderados, un dulce infierno
La reunión de apoderados es como el examen de la glucosa, vas porque sabes que es necesario y útil, te tomas el jarabe que no es tan malo como antes, pero raya para la suma, igual lo odias. Anoche, mientras tenía medio cachete del poto en la silla de kinder de mi hija, me puse a observar y a buscar entre la fauna de asistentes, aspectos comunes en esta relación obligada y aquí les dejo mi volón.
1. La profesora: Generalmente todos los papás la pelan y la odian en secreto y por WhatsApp. Siempre dicen que van a reclamar por tal o cual motivo y hasta tu tienes un par de cosas que decirle, pero al final no dices nada, porque ella es...es una maestra de teflón, una diplomática, ella escribió el decálogo de buenas prácticas para la escuela donde se forman nuestros embajadores. Pareciera que los temas complicados de abordar, los abordan, pero no es así, los dejan resbalar hacia sus botas Nine West y cuando la miras bien, te sorprende ver lo sexy y empoderada que se ve, una completa bitch que termina pasándote unas láminas que bajó de Slideshare, sin sonido porque el parlante está malo, de cómo criar bien a tus hijos y que al final de la reunión te dice lo buen alumno que es, pero lo mal que se porta. Ella no está feliz con el hijo de nadie.
2. La cabrona. Aunque merece un capítulo completo, quiero ser ecuánime con las líneas. Si no es la presidenta de curso, seguro lo será. Ella creó el WhatsApp del curso, el Facebook del curso. Es la que en la mañana a las 8:00 manda mensajes informando, saludando, comentando, preguntando, respondiendo, es la que te agota la batería del smathpone a las 5 de la tarde. En la noche sube la tarea que tu hijo no anotó, la que te manda de un salto al supermercado a comprar un material que tu hijo nunca te dijo que tenía que llevar al otro día, es la que sabe la hora en que inicia y comienza todo. Generalmente trabaja en su casa, mamá del niñito más peleador, desordenado o bravucón del curso o la niñita que se cree princesa. Siempre lidera las actividades, trabaja y se queja de la falta de apoyo del resto de los padres. Tiene un séquito de amiguis apoderadas que es de temer, perteneces o no no perteneces, estás con ellas o estás en su contra.
3. La super mamá: Ella parte las frases diciendo "Mi hija(o)....dijo que. Es la que te encuentras todas las mañanas cuando vas corriendo como las locas a dejar a tus hijos, la que lleva a su ninito(o), bien peinado, con trenzas que no sabías que existían y pinches de colores que no se pueden llevar al colegio. Es la mamá que les prepara los quequitos y galletas, que lleva el quequito para la reunión de apoderados, la que siempre tiene algo que aportar de buena crianza; la que cose, la que teje, la que se sabe todos los tips y siempre opina personalizando las cosas, ella, ella es la que generalmente atrasa las reuniones.
4. El polémico: Pone el tema penca en la reunión, que las colaciones se enfrían, que los polerones y parkas se pierden, que los niños van solitos al baño y se los puede comer el cuco, que su hijo se cayó, le pegaron, lo mordieron y que ha dado instrucciones de devolver el golpe. El que pregunta qué chucha hacen en la clase de Tecnología, porqué no revisan los ejercicios del libro en clases. Es el único(a) que acusa de algo a la profesora, quien le dice cómo hacer su trabajo y dice saber cómo hacer mejor todas las cosas. Es experto en Prevención de Riesgos, abogado, pintor, escultor, docente, psicólogo, ingeniero, auditor y psicopedagogo, se las sabe todas. Generalmente es el que prende el fósforo para que el resto de las madres salten rasgando vestiduras, por alguna rencilla añeja. siempre aparece en cada reunión.
5. La agotada: Ella se queja de que las pruebas son muy seguidas, muy cortas, muy largas, la materia muy difícil, mucha materia, que hubo poco tiempo, que a los niños les mandan muchas tareas, que los niños están cansados, que hay muchas pruebas en la semana, que su hijo no entendió, que ella leyó 2 veces y tampoco entendió.
6. Los culpables: Ellos son los papás que no han pagado la cuota del curso, que no mandaron la donación para la rifa, que no han pagado la cuota del centro de padres, que no mandaron la rifa, que no colaboran y no colaborarán. En esta lista están también el papá del niñito que le pega a todos, del desordenado, del que deja la cagá en todas partes, del que tiene super malas notas. Ellos no quieren que se les nombre, ni que se toque el tema que les duele. Generalmente se salvan de todo, nunca los pillan ni los denuncian. Nadie sabe cómo se llaman, ni de quien son apoderados.
7. Los excétricos: Es el grupo de papás que tienen ideas raras y extravagantes de la vida y la educación, que donan alimentos orgánicos, que llevan de premio sorpresa una polera que dice: "adopta un callejero", que quieren que los niños aprendan a cultivar, que aumenten las horas de música y artes. Que en vez de completadas se hagan ensalatones. Ellos tienen hijos medio nerds, medio excéntricos, medio extravagantes, diferentes. Son papás que hablan y nadie escucha, que se ofrecen para hacer cosas, pero al final otro los reemplaza, porque está mas en la línea de lo que quieren las masas. Ellos se agrupan entre sí por cultura, por religión o por no tenerla. A este grupo de papás se los comen cada año los cabrones y su séquito. Nadie los aprovecha.
8. El que no aporta o los escasoaporte.com: Como yo, que a veces vamos las reuniones vestidos de cabrones, otras veces de excéntricos, otras de agotada, otras de super mamá y así, como nos pille la locomoción y la memoria. Somos ese grupo de papás que se caga de la risa de todo, que cree que todo anda como las weas u otras veces super bien. Que colaboramos cuando podemos y cuando queremos. Que pagamos un día antes de que no se pueda ir al paseo de curso, que no le vendemos la rifa al compañero de pega, sino que la compramos nosotros, los que asumimos todo, por flojos. Aparecemos justo cuando más nos necesitan, porque nunca nos organizamos, pero no dejamos que las cosas se caigan, aunque seamos poco confiables. Somos ese grupo de papás que hay que pillarlos volando bajo para que hagan algo. Los impacientes, los que en las reuniones queremos irnos luego para la casa, que nos gustaría a veces ser presidente de curso,pero luego nos da lata.
Al final, en la reunión de apoderados todos nos mezclamos hasta llegar al equilibrio, díganme si en su curso estos perfiles no existen, ojalá que si pertenece a alguno de estos grupos se caguen de la risa, porque al final, todos somos necesarios.
1. La profesora: Generalmente todos los papás la pelan y la odian en secreto y por WhatsApp. Siempre dicen que van a reclamar por tal o cual motivo y hasta tu tienes un par de cosas que decirle, pero al final no dices nada, porque ella es...es una maestra de teflón, una diplomática, ella escribió el decálogo de buenas prácticas para la escuela donde se forman nuestros embajadores. Pareciera que los temas complicados de abordar, los abordan, pero no es así, los dejan resbalar hacia sus botas Nine West y cuando la miras bien, te sorprende ver lo sexy y empoderada que se ve, una completa bitch que termina pasándote unas láminas que bajó de Slideshare, sin sonido porque el parlante está malo, de cómo criar bien a tus hijos y que al final de la reunión te dice lo buen alumno que es, pero lo mal que se porta. Ella no está feliz con el hijo de nadie.
2. La cabrona. Aunque merece un capítulo completo, quiero ser ecuánime con las líneas. Si no es la presidenta de curso, seguro lo será. Ella creó el WhatsApp del curso, el Facebook del curso. Es la que en la mañana a las 8:00 manda mensajes informando, saludando, comentando, preguntando, respondiendo, es la que te agota la batería del smathpone a las 5 de la tarde. En la noche sube la tarea que tu hijo no anotó, la que te manda de un salto al supermercado a comprar un material que tu hijo nunca te dijo que tenía que llevar al otro día, es la que sabe la hora en que inicia y comienza todo. Generalmente trabaja en su casa, mamá del niñito más peleador, desordenado o bravucón del curso o la niñita que se cree princesa. Siempre lidera las actividades, trabaja y se queja de la falta de apoyo del resto de los padres. Tiene un séquito de amiguis apoderadas que es de temer, perteneces o no no perteneces, estás con ellas o estás en su contra.
3. La super mamá: Ella parte las frases diciendo "Mi hija(o)....dijo que. Es la que te encuentras todas las mañanas cuando vas corriendo como las locas a dejar a tus hijos, la que lleva a su ninito(o), bien peinado, con trenzas que no sabías que existían y pinches de colores que no se pueden llevar al colegio. Es la mamá que les prepara los quequitos y galletas, que lleva el quequito para la reunión de apoderados, la que siempre tiene algo que aportar de buena crianza; la que cose, la que teje, la que se sabe todos los tips y siempre opina personalizando las cosas, ella, ella es la que generalmente atrasa las reuniones.
4. El polémico: Pone el tema penca en la reunión, que las colaciones se enfrían, que los polerones y parkas se pierden, que los niños van solitos al baño y se los puede comer el cuco, que su hijo se cayó, le pegaron, lo mordieron y que ha dado instrucciones de devolver el golpe. El que pregunta qué chucha hacen en la clase de Tecnología, porqué no revisan los ejercicios del libro en clases. Es el único(a) que acusa de algo a la profesora, quien le dice cómo hacer su trabajo y dice saber cómo hacer mejor todas las cosas. Es experto en Prevención de Riesgos, abogado, pintor, escultor, docente, psicólogo, ingeniero, auditor y psicopedagogo, se las sabe todas. Generalmente es el que prende el fósforo para que el resto de las madres salten rasgando vestiduras, por alguna rencilla añeja. siempre aparece en cada reunión.
5. La agotada: Ella se queja de que las pruebas son muy seguidas, muy cortas, muy largas, la materia muy difícil, mucha materia, que hubo poco tiempo, que a los niños les mandan muchas tareas, que los niños están cansados, que hay muchas pruebas en la semana, que su hijo no entendió, que ella leyó 2 veces y tampoco entendió.
6. Los culpables: Ellos son los papás que no han pagado la cuota del curso, que no mandaron la donación para la rifa, que no han pagado la cuota del centro de padres, que no mandaron la rifa, que no colaboran y no colaborarán. En esta lista están también el papá del niñito que le pega a todos, del desordenado, del que deja la cagá en todas partes, del que tiene super malas notas. Ellos no quieren que se les nombre, ni que se toque el tema que les duele. Generalmente se salvan de todo, nunca los pillan ni los denuncian. Nadie sabe cómo se llaman, ni de quien son apoderados.
7. Los excétricos: Es el grupo de papás que tienen ideas raras y extravagantes de la vida y la educación, que donan alimentos orgánicos, que llevan de premio sorpresa una polera que dice: "adopta un callejero", que quieren que los niños aprendan a cultivar, que aumenten las horas de música y artes. Que en vez de completadas se hagan ensalatones. Ellos tienen hijos medio nerds, medio excéntricos, medio extravagantes, diferentes. Son papás que hablan y nadie escucha, que se ofrecen para hacer cosas, pero al final otro los reemplaza, porque está mas en la línea de lo que quieren las masas. Ellos se agrupan entre sí por cultura, por religión o por no tenerla. A este grupo de papás se los comen cada año los cabrones y su séquito. Nadie los aprovecha.
8. El que no aporta o los escasoaporte.com: Como yo, que a veces vamos las reuniones vestidos de cabrones, otras veces de excéntricos, otras de agotada, otras de super mamá y así, como nos pille la locomoción y la memoria. Somos ese grupo de papás que se caga de la risa de todo, que cree que todo anda como las weas u otras veces super bien. Que colaboramos cuando podemos y cuando queremos. Que pagamos un día antes de que no se pueda ir al paseo de curso, que no le vendemos la rifa al compañero de pega, sino que la compramos nosotros, los que asumimos todo, por flojos. Aparecemos justo cuando más nos necesitan, porque nunca nos organizamos, pero no dejamos que las cosas se caigan, aunque seamos poco confiables. Somos ese grupo de papás que hay que pillarlos volando bajo para que hagan algo. Los impacientes, los que en las reuniones queremos irnos luego para la casa, que nos gustaría a veces ser presidente de curso,pero luego nos da lata.
Al final, en la reunión de apoderados todos nos mezclamos hasta llegar al equilibrio, díganme si en su curso estos perfiles no existen, ojalá que si pertenece a alguno de estos grupos se caguen de la risa, porque al final, todos somos necesarios.
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