Hace unos días nos enteramos del suicidio de un estudiante de la Alianza Francesa, poco después de 2 eventos que permearon una grieta de fragilidad, disfrazada de buen rendimiento académico: lo sacaron del colegio con carabineros tras encontrarlo con 1,7 gr de marihuana (llamaron 1ro a los papás, pero estos no respondieron) y luego, lo expusieron ante el "tribunal de disciplina" de su colegio, el cual lo suspendió por 9 días. Uno de esos días, en vez de reflexionar y escribir un ensayo sobre los efectos del consumo de marihuana en los adolescentes, el niño decide quitarse la vida, ahorcándose en una plaza.
A partir de este hecho lamentable, donde el huésped inquietante es la decisión adoptada por quienes educan en nombre de Antoine de Saint Exupery, se evidencia un vacío de reflexión que bien puede ser despreciado mañana en nombre del "cumplimiento de obligaciones legales".
No se si el hecho de denunciar a carabineros, algo que probablemente se repite diariamente en muchos establecimientos del país, el suicidio de un niño post evento traumático o producto de sus propias carencias físicas o afectivas; el perfil del colegio, el tema expuesto a la luz pública, los dichos de sus compañeros, la reacción y declaraciones de sus padres o la suma de todo lo anterior, ha gatillado un conjunto de reflexiones muy apropiadas sobre la insana comodidad que nos ofrece esta cajita llamada educación.
Sería un error entrar a repetir lo que expuso Cristián Warnken tan lúcidamente en 1ra instancia y luego en sucesivas misivas internas y públicas, pero sí quisiera ahondar en el concepto de de "pensar calculante" que él menciona, pero que en realidad fue propuesto hace mas de 1 siglo por el filósofo Alemán Martin Heidegger, durante su búsqueda de la comprensión de los vínculos entre el desarrollo y el sentido del ser (o sein).
Para Heiddegger existían 2 tipos de pensamiento, el calculante y el reflexivo. El 1ro orientado a la planificación, estrategia y el control y el 2do, el sentido de todo cuánto es. Lo razonable es que se suprima toda oposición de lo uno con lo otro, pero ¿qué es la educación moderna, sino un mecanismo ad-hoc sólo al 1ero de ellos?. El pensamiento calculante ha sido exaltado como un falso profeta del desarrollo, pero también es el responsable de la contaminación, la depredación, la extinción y es una forma de vida cosificante, que aliena, robotiza y deshumaniza al niño y finalmente al adulto, pues desde su más tierna infancia lo visualiza como un mero instrumento; aunque también es un hecho que contribuye a la investigación a alcanzar eficacia técnica y eficiencia en el uso de los medios.
Uno termina evaluando la salud mental de un niño a partir de si es buen alumno o no. Niños adoctrinados y eficientes en eventos concretos, exitosos dentro del modelo propuesto para salir del subdesarrollo y alcanzar los estándares de la OCDE, nadie mide hoy a la persona en su integralidad. Como padres estamos perdiendo de vista la esencia de la propia existencia, el pensar meditativo es puesto en un sector periférico, propio de los humanistas o vagos. Pedimos a la educación poner foco en pruebas más fáciles y legibles, que simplifiquen el camino al 7.0. ¿Cuándo ponemos foco en otros aspectos como entregar tiempos de ocio de calidad, tiempo para la creación, reflexión, para formar comunidad?, ¿dónde está el tiempo académico para la solidaridad que se requiere para construir sociedad?, todo eso pasa desapercibido en nuestras agitadas vidas; es más, no tenemos ni idea de lo que esto significa, toma un tiempo demasiado largo, que no tenemos, tiene un costo que no podemos pagar y además depende de la voluntad; por tanto nadie se cuestiona restarlo de las exigencias académicas. Así, la educación resulta completamente funcional al modelo de vida que llevamos. Educar la razón para tener la libertad de tomar decisiones, medir consecuencias y buscar el bienestar de todos, es algo que no veo en el programa ministerial de educación y mucho menos en las quejas de los apoderados que alguna vez asisten a una reunión de curso. La mayoría cree que esas cosas son como los valores y que esos se enseñan en casa. Fin de la discusión.
Puede que esté llevando esta reflexión a un reduccionismo insensato, pero en verdad me preocupa un futuro sobrepoblado de buenos alumnos, vacíos por dentro, que han sido alejados de aquello que los define, los modela y les brinda las certezas necesarias para enfrentar las carencias de la sociedad y las propias crisis internas. Temo por la falta de comunidad, la empatía y la perdida de aquellas palabras que permiten a un niño expresar sus sentimientos y sus emociones cuando necesita taerlas al plano real y que prefiere dejar un mensaje al mundo, ahorcándose en una plaza, un mensaje terrible que pudo ser expresado de múltiples formas, pero que tal vez, nadie supo interpretar, total todos andamos igualmente perdidos.
Si estas dos formas de pensar se alejan o se construyen como únicos modos de acceso legítimo a lo real, amputamos la capacidad de dimensionar la realidad, por eso ahora todo es quien es más culpable o inocente, pero nunca ambas.
martes, 12 de septiembre de 2017
martes, 18 de abril de 2017
La vida y la muerte en una taza de café
Ahí estaba yo, revolviendo un café cortado luego de un sueño increíble la noche anterior. ¿Y si mi café no es más que un patrón que se repite en todo el universo y pasamos como la espuma a la leche, hacia una esfera distinta cada vez que dejamos un plano?. No estoy creando el agua tibia, otros ya lo han pensado, eso de que vivimos en realidades paralelas. Yo estoy en la espuma y en paralelo, la leche y el café, el cristal, la mesa y mi hijo en clases de tecnología... En una de esas yo estoy en el café y no en la espuma como me figuro, pero más allá de eso, me importa reflexionar sobre ¿cuál es el gatillador que nos hace pasar de un plano a otro?.
Me pregunto si será como dice la filosofía shramánica, que se avanza cuando alcanzas el nirvana y se trasciende de las emociones, lo material y lo fenoménico individual, lo cual me parece un tremendo empeño, para el que muchos seres más simples, como yo, no estamos preparados; ergo, aquel no puede ser el único camino, mal que mal no todos somos budistas o hinduístas e igualmente, estamos en tránsito. Tal vez pasamos de la espuma a la leche o de la leche al café, cuando abrimos nuestra mente a un conocimiento superior, como el ideario de los dhármicos, una metáfora del pensamiento en el cual un tercer ojo ubicado en distintas partes de la cabeza (según la religión), nos permite sincronizarnos en correcta vibración con el universo; sin embargo aquí tampoco encuentro una respuesta, sobre todo porque soy consciente de no soy hinduista, ni taoísta e igualmente puedo conectarme con la energía del universo.
¿Será que el paso de un plano a otro es continuo y concordante a la edad de nuestra alma?. De alguna manera alteramos la materia y hacemos vibrar cuerdas universales en nuestro mismo plano, ¿qué tal si el presente no es más es un agujero de gusano y avanzamos cada vez que vibramos?, ya en si misma la palabra "vibrar" representa movimiento alrededor un posición, lo cual no implica desplazamiento y aún así no significa que no avancemos...si nuestra consciencia ha sido identificada y se está estudiando que nos disipamos al morir, ¿quién puede negar que tal vez es el momento en que atravesamos de un punto a otro por un camino infinito?.
Si aceptamos que nuestras almas son eternas y que el tiempo es lineal, entonces es perfectamente válido pensar también que nuestra alma puede tener una antigüedad distinta a la de otras personas; entonces, si el tiempo, el espacio, la energía y la materia son tridimensionales, algunos pueden acceder más fácilmente en el plano que habitan a un conocimiento, porque de todas formas deben seguir avanzando en consonancia a los gatilladores que ha adquirido en su viaje. Mal que mal la ciencia dice que todos nacemos con las mismas habilidades, pero algunas se desarrollan más que otras.
Pienso que el gatillador, entendico como aquel ese que nos permite avanzar por los anillos de este agujero que es la vida, es el conocimiento, entendido como un acto de razón, más allá del mero producto final del proceso de aprendizaje dogmático o pragmático, conocimiento como el acto de conmoverse, trepidar, como cuando descubres vívidamente el amor. ¿Qué otra forma de conocimiento más contundente es el amor, como acto de aprendizaje?, Tal vez por eso la música es una instancia de aprendizaje tan rica y compleja a la vez, es ahí donde los alquimistas modernos deberían poner sus instrumentos de medición, para ver vibraciones y cambios de estado en el alma de un niño golpeado, solo y resentido, que se estremece en el eco de sus cuerdas vocales o el tañido de las cuerdas de su guitarra.
Yo tampoco se de música, pero tal vez, sólo tal vez cuando nos estremecemos nos acercamos un poco más de la leche al café, que no es más que un estado distinto, como la muerte, la pequeña e ínfima muerte donde somos inconscientes de la ruta de tránsito. Me pregunto porqué, pero bueno, eso puede ser materia de otro volón.
Me pregunto si será como dice la filosofía shramánica, que se avanza cuando alcanzas el nirvana y se trasciende de las emociones, lo material y lo fenoménico individual, lo cual me parece un tremendo empeño, para el que muchos seres más simples, como yo, no estamos preparados; ergo, aquel no puede ser el único camino, mal que mal no todos somos budistas o hinduístas e igualmente, estamos en tránsito. Tal vez pasamos de la espuma a la leche o de la leche al café, cuando abrimos nuestra mente a un conocimiento superior, como el ideario de los dhármicos, una metáfora del pensamiento en el cual un tercer ojo ubicado en distintas partes de la cabeza (según la religión), nos permite sincronizarnos en correcta vibración con el universo; sin embargo aquí tampoco encuentro una respuesta, sobre todo porque soy consciente de no soy hinduista, ni taoísta e igualmente puedo conectarme con la energía del universo.
¿Será que el paso de un plano a otro es continuo y concordante a la edad de nuestra alma?. De alguna manera alteramos la materia y hacemos vibrar cuerdas universales en nuestro mismo plano, ¿qué tal si el presente no es más es un agujero de gusano y avanzamos cada vez que vibramos?, ya en si misma la palabra "vibrar" representa movimiento alrededor un posición, lo cual no implica desplazamiento y aún así no significa que no avancemos...si nuestra consciencia ha sido identificada y se está estudiando que nos disipamos al morir, ¿quién puede negar que tal vez es el momento en que atravesamos de un punto a otro por un camino infinito?.
Si aceptamos que nuestras almas son eternas y que el tiempo es lineal, entonces es perfectamente válido pensar también que nuestra alma puede tener una antigüedad distinta a la de otras personas; entonces, si el tiempo, el espacio, la energía y la materia son tridimensionales, algunos pueden acceder más fácilmente en el plano que habitan a un conocimiento, porque de todas formas deben seguir avanzando en consonancia a los gatilladores que ha adquirido en su viaje. Mal que mal la ciencia dice que todos nacemos con las mismas habilidades, pero algunas se desarrollan más que otras.
Pienso que el gatillador, entendico como aquel ese que nos permite avanzar por los anillos de este agujero que es la vida, es el conocimiento, entendido como un acto de razón, más allá del mero producto final del proceso de aprendizaje dogmático o pragmático, conocimiento como el acto de conmoverse, trepidar, como cuando descubres vívidamente el amor. ¿Qué otra forma de conocimiento más contundente es el amor, como acto de aprendizaje?, Tal vez por eso la música es una instancia de aprendizaje tan rica y compleja a la vez, es ahí donde los alquimistas modernos deberían poner sus instrumentos de medición, para ver vibraciones y cambios de estado en el alma de un niño golpeado, solo y resentido, que se estremece en el eco de sus cuerdas vocales o el tañido de las cuerdas de su guitarra.
Yo tampoco se de música, pero tal vez, sólo tal vez cuando nos estremecemos nos acercamos un poco más de la leche al café, que no es más que un estado distinto, como la muerte, la pequeña e ínfima muerte donde somos inconscientes de la ruta de tránsito. Me pregunto porqué, pero bueno, eso puede ser materia de otro volón.
lunes, 13 de marzo de 2017
Pedaleando hacia un futuro incierto
Ayer salimos con mi hija en bicicleta. Hace rato que quería hacer alguna cosa solo conmigo. Mientras pedaleábamos, una al lado de la otra, me dijo que algún día quería irse conmigo a recorrer Chile en bici. A mi me pareció una idea excelente, le dije que sí al tiro, pero primero teníamos que cambiar de bici, porque en las de paseo no llegamos a ninguna parte. Nos pusimos de acuerdo sobre qué edad tendría ella cuando emprendamos el viaje y me dijo que a los 14 años le parecía una edad apropiada. Decidimos ir hacia el norte y me preguntó dónde íbamos a dormir, si podía llevar a "pipa" y su ropa favorita y así, nos fuimos andando y armando este futuro divertido y lleno de aventuras.De pronto pensé que cuando ella tuviera 14, yo tendré 50 años y hasta ese minuto, nunca me había cuestionado el paso del tiempo. Tuve miedo al pensar si estaré en condiciones de cumplir su sueño. Me pregunté cómo estarían mis piernas, mi cuerpo y mi mente a esa edad. En algún punto hasta me aterroricé. Yo soy la mamá que todavía le gana las carreras, que logra subir pedaleando hasta la casa, por esa enorme cuesta que nos separa del plano; la que sube cerros, la que nada, la que anda en patines, la que trepa al árbol de damascos a sacar los que están a una altura inescrutable. La mamá que mis hijos conocen hoy, sí puede emprender ese viaje mañana.
Uno podría engañarse pensando que el futuro "físico" depende sólo del acondicionamiento, es claro que en un porcentaje sí, pero también del azar, de los genes, de la suerte y de la vida misma. ¿estoy haciendo lo correcto cuando le ofrezco un viaje imaginario a mi hija de 7?, tuve miedo de que algún día recuerde ese momento y piense que le mentí, que no cumplí con mi parte del trato. Creo que debo retomar esta conversación más adelante para decirle que deseo con toda mi alma hacer ese viaje con ella, pero debe saber que su ocurrencia, no depende solo de nosotras dos.
No me reconozco con un divagar aciago, pero de todas formas, como madre responsable no quiero dejar promesas sin cumplir. De todas formas, me consuela saber que mientras pedaleábamos le compré una bicicleta nueva,con alforjas rosa, le hablé del calor del sol en La Serena, de la arena caliente del Valle de la Luna y supo de las empanadas de mariscos de Los Vilos. Hice ese viaje con ella ayer domingo 12 de marzo de 2017.
Por ahora, me resta tratar con aquello que puedo controlar, en una de esas a los 50 sí puedo poner en la alforja a su muñeca "pipa" y llevarla también a recorrer el mundo.
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