jueves, 21 de octubre de 2010

Soy mala madre

Hace unos días leí en el Diario de una mujer inglesa que confesó en su blog que era mala madre y que estaba enamorada más de su marido que de sus hijos y que no había ningún relajante que sirviera para soportar lidiar con sus 4 hijos, levantando la ira y las críticas sociales de sus dichos, pero también alivianando la carga de millones de mujeres en el mundo.
Guardando las proporciones, rescato que alguien haya hecho por mi lo que yo no pude: confesar que no soy y nunca seré "super mamá".



Yo me crié en un pueblo chico del sur, en un régimen totalmente desigual entre padres e hijos y en el marco de una formación católica de corte "castrador", por decirlo de alguna manera. Dios era capaz de leer hasta los pensamientos y condenarte por ello y todas las desgracias personales eran responsabilidad y castigo por nuestros malos actos. Bajo esa premisa, creo que sólo pude canalizar lo que me pasaba bajo el nombre de "depresión post parto", después de que nació mi primer hijo.



Siempre atenta a tratar de entender lo que me pasaba, escuché decenas de relatos de mis amigas y con envidia miraba a las que después de ser carreteras, sexualmente promiscuas, castas y devotas e incluso individualistas, pasaban a engrosar el segmento de "super mamás"; esas capaces de estar toda la noche con la guagua en brazos, que la hacían dormir en brazos, que les aguantan las mañas, que no permiten que nada les produzca un razguño, que duermen con ellas hasta los 12 años, que dan teta hasta el año y tanto, que no retan y una larga lista de actitudes incomprensibles para mi. Yo en tanto, cada vez que hacía un intento de comportarme a la altura de una mamá modelo, terminaba aburrida y me sentía profundamente ajena a mi misma y ahogada, ¿porqué?, si yo también amo a mis hijos y moriría en la cruz por ellos, entonces ¿porque no me gusta estar con ellos?.

Para colmo, todo esto en el marco de lo indecible y siempre muerta de susto de que Dios me descubriera y castigara. Muchas veces apliqué la técnica de los chinos, descrita tan dulcemente por Ling Yutang, de decir en voz alta "pucha, que lástima que mi hijo esté tan enfermo y sufra tanto", para que Dios (o "los Dioses", en la versión de Yutang), no repararan en Simón y lo enfermaran hasta la muerte. Otras veces al final del Padre Nuestro y Ave María nocturno, terminaba mi plegaria con un: "Señor Jesus, no permitas que mi bebé sufra más, porque suficiente lo hacen sufrir su papá y su mamá" (porque César igual tenía que caer al saco a pesar de que él pertenece a la raza de "super papás"), o sea, impensable confesar que muchas veces hubiera preferido que no existieran, (qué horror, lo dije!).


¿Cómo confesar que fue una lata atroz dar pecho, que me carga que me pateen mientras duermo, que salten sobre mi en la cama, que me vomiten, que el olor de la caca me da nauseas, que jugar tirada de guata en el suelo, no me nace?



Yo amo a mis hijos, me derriten su mirada, sus manitos y sus pequeños logros, pero eso a mi no me hace una mujer plena, yo soy plena con mi marido. Prefiero salir a comer con él, beber un vinito blanco a la luz de la luna en la terraza, hablando de temas distintos a los niños. Yo amo mi trabajo, que he tenido que dejar de lado, porque en toda esta historia hay perdedores y en mi lista de prioridades la pega y yo hemos quedado con rentabilidad negativa y ahora a partir de este momento, debo empezar a trabajar para que pueda volver a los primeros lugares del ranking.

miércoles, 14 de abril de 2010

Lo que me pregunto a estas alturas de mi vida

Me pregunto si aquellos adictos al faceboock, al messenger y otros programitas varios, se sentirán trabajadores mediocres o no?, porque a mi me pasa que sé que pierdo el tiempo en eso y que le resto tiempo a la pega...osea, si me hechan, me lo tendría merecido...

Me pregunto si la gente será realmente feliz cuando le entregan la casa nueva, porque al menos yo he pasado a vivir en una angustia constante pensando que recien será mía en 30 años más y que el sistema difícilmente me va a tener 30 años con pega, con suerte uno es útil hasta los 40-45...osea.
Antes cuando no tenía nada, no tenía miedo a nada y ahora que debiera ser más feliz porque he conquistado el sueño americano, no lo soy...¿qué onda?

lunes, 8 de diciembre de 2008

Mamá de una niñita

En la vida me han pasado muchas cosas buenas, como por ejemplo cuado me fue bien en la P.A.A, o me dieron 100% de crédito fiscal para estudiar; también unas becas, un par de premios, unos títulos varios, un hijo sano y un parto sin dolor, etc.; sin embargo, en todos esos logros no recuerdo haber sentido tan vívidamente alegría y emoción, como este viernes 05 de diciembre cuando supe que mi próximo bebé va a ser mujer. Por primera vez fui más un Chris Gardner que un Billy Elliot...

Estoy embarazada de 5 meses, mi hijo Simón tiene 1 año 11 meses y queríamos saber qué sexo era el bebé. No me imaginé que iba a sentir tamaña emoción cuando me dijeron que era niñita, fue como una inyección de felicidad, porque en el fondo de mi corazón yo la deseaba, no sé, creo que siento empatía por mi género a pesar de que siempre he sido pro-hombre; solo imaginarme su carita de ternura, ya se me incha el pecho.

Ahora me ha entrado un afán consumista de comprarle chapecitos, vestiditos, cintillos, zapatitos con flores, todas esas cosas que yo siempre quise tener y que seguramente no tuve...es una dualidad muy extraña, porque me imagino que cuando tenga 15 años, voy a tener cero ganas de salir a comprarle ropa para que se vea la niña más linda de la fiesta.

Quise a través de estas líneas dejar testimonio de ese intimo momento, entre yo y yo, porque me sentí viva y porque sentí vívidamente lo que sentí, lloré, dije lo que sentía y había algo en mi pecho hablando en positivo, todo un instante de placer, que nunca quiero dejar de recordar.

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